Rajoy, un testigo demasiado especial

El presidente del Gobierno se refugia en que él siempre se ha dedicado a la alta política, no a minucias económicas, para huir de la quema judicial

ALBERTO AYALA

Cuatro décadas en política otorgan muchas tablas. Las suficientes como para salir vivo de una comparecencia en calidad de testigo ante la Sala de la Audiencia Nacional que juzga las andanzas de la 'trama Gürtel' entre 1999 y 2005. La primera de estas características que protagoniza un presidente del Gobierno de España.

Claro que todo resulta un poco más fácil cuando el testigo -que comparecía como ciudadano y dirigente del PP, no como jefe del Ejecutivo- recibe un trato especial. Y eso es lo que ayer ocurrió con Rajoy.

No solo porque se le permitió acceder al edificio por el garaje. O porque le recibió el presidente de la Audiencia. Que también.

Sobre todo, porque no tuvo que sentarse en el banquillo situado frente al tribunal que ocupan los testigos, sino que pudo hacerlo en el estrado, a la derecha y a la misma altura que los magistrados. Y porque el presidente de la Sala le permitió chanzas y respuestas entre disciplicentes y despectivas dirigidas al abogado de la acusación popular (como «no me parece un razonamiento muy brillante el suyo»), usuales en el Congreso, pero que jamás he visto que se toleren a un testigo en sede judicial. Además de impedirse un par de repreguntas incómodas cuando se vio al testigo algo más tenso.

El líder popular decidió usar un cortafuegos a modo de refugio para huir de la quema judicial. Lo suyo, vino a decir, siempre ha sido la alta política. La economía, la contabilidad, los números quedaban para otros colaboradores; para gerentes y tesoreros. Y de ese carril argumental no se salió.

Lo empleó para asegurar que jamás tuvo conocimiento de que algún empresario financiara ilegalmente a su partido. O para afirmar que supone que fue el partido quien le pagó a él y a su familia unas vacaciones en Canarias tras la derrota en las generales de 2004, vacaciones que Francisco Correa, uno de los principales encausados, asegura que costeó él.

Rajoy no entró en contradicciones ni en los momentos de más incomodidad, como cuando se le preguntó por Bárcenas, sus papeles («son absolutamente falsos») o los sms que le envió. Cosa distinta es que sus explicaciones resultaran simplistas, confusas y que sirvan para muy poco.

A buen seguro, el gran objetivo de Rajoy y el PP desde que recibieron la citación para la histórica comparecencia era salir judicial y políticamente indemnes. Es evidente que lograron el primer objetivo. Respecto al segundo, puede que Rajoy no perdiera adeptos, pero seguro que tampoco ganó ninguno.

Lo de ayer es un capítulo más. Las presuntas corruptelas del PP le mantendrán años por los juzgados de toda España.

Fotos

Vídeos