Terror

La ley permite entregar sus hijos a los maltratadores porque son suyos, y de vez en cuando a alguno de ellos se le ocurre matarlos

Maria Maizkurrena
MARIA MAIZKURRENA

Juana Rivas se esconde. Y sobre todo esconde a sus hijos. Juana Rivas no ha comparecido en el juzgado de instrucción número 2 de Granada. Parece que no confía en la justicia. Desde luego, no confía en Francesco Arcuri, su expareja. Se diría que tiene miedo. Mucho miedo. ¿Por qué, si no, iba a convertirse en una fugitiva? ¿Iba a arruinar su vida y la de sus hijos por un peligro inexistente? ¿Para fastidiar al padre? Esta parece ser la brillante hipótesis, más bien convicción, de quienes afirman que el suyo es un caso instigado por lo que ellos llaman «ideología feminazi». Es decir, cuando las mujeres se defienden, son feminazis. Cuando no ceden sus hijos al peligro, al maltrato, al despotismo, son feminazis. En las repúblicas independientes de las casas se instalan regímenes muy variados: democracias, alguna; muchas dictaduras, y también regímenes de terror como el del ISIS, pero en la escala de puertas adentro que se considera territorio privado o propiedad privada del pater familias. Juana Rivas dice que en Caloforte, Cerdeña, ella vivía aislada, trabajando como una esclava.

La esclavitud, otro régimen que aún organiza las relaciones familiares en muchas partes, incluida ésta (el pater familias es el amo y quien diga lo contrario es feminazi). Arcuri fue condenado en 2009 por darle una zurra a su mujer porque ésta le pidió explicaciones sobre sus excursiones nocturnas. A quién se le ocurre pedirle explicaciones al amo. Ella se lo buscó, deben pensar esas personas a quienes les parece bien que un maltratador tenga la custodia de sus hijos. Después de todo, son suyos. La ley se empeña en entregarles sus hijos a los maltratadores porque son suyos y, de vez en cuando, a uno de estos individuos se le ocurre matarlos por eso, porque son suyos (o sea, de su propiedad). Esa fue la suerte negra de Javi, 11 años, a quien su padre mató como regalo especial del día de la madre para su ex. En las visitas a un padre maltratador, se rifa la muerte, el dolor, el miedo… No, el miedo (una forma de dolor) es seguro. El miedo sostiene la rebelión de Juana Rivas. En cambio, la madre de la niña asesinada en Valladolid a golpes, después o durante una agresión sexual que se produjo en el seno de su familia, ardiente y áspero como el infierno, no es feminazi. Nunca ha denunciado, no ha colaborado con la justicia.

Es una buena súbdita. Su objetivo primordial, ocultar la culpa y la sangre que se derrama de puertas para adentro. Abducida, convencida, aterrorizada, cómplice, quién sabe. Todos los defectos del sistema han trabajado a su lado para condenar a su hija, aunque un servicio pediátrico detectó los malos tratos hace ya casi un mes. Llueven las buenas palabras. No las queremos. Queremos buenas leyes y medios para que se cumplan.

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