Teoría y pintada

Atacan la sede bilbaína de Baquetour

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Arnaldo Otegi lo reveló ayer en una entrevista en Onda Vasca: todo este lío del turismo es una confabulación político-mediática. Con la intención de tapar los acuerdos del PNV con el PP y el PSE, los agentes conspiradores se esfuerzan por promover la idea de que la izquierda abertzale es una fuerza «alocada» que opera en contra del turismo. Yo a pocas cosas les tengo más devoción que a un escolástico de pura cepa. Así que al escuchar a Otegi di un salto muy grande. Y grité: «¡Eureka!».

Es que lo ves todo más claro cuando un teórico en condiciones te recuerda que no hay acontecimiento sino estructura y que la responsabilidad de los propios actos la tiene siempre el enemigo. Ayer mismo se lanzó pintura roja contra la sede en Bilbao de Basquetour y se realizaron allí pintadas promocionales de las manifas turistofóbicas de Ernai. Sin haber escuchado a Otegi, qué fácil sería relacionar esas pintadas de la izquierda abertzale con pintadas y con la izquierda abertzale. Y, al hacerlo, de qué modo más sutil evitaríamos analizar las cosas como debe hacerse: en toda su complejidad superestructural.

Es entonces cuando uno accede a la interpretación crítica de la realidad, distingue entre contradicciones principales y fundamentales y no descarta tan fácilmente la posibilidad de que los servicios secretos del Departamento de Turismo hayan atacado con pintura la Agencia de Turismo. ¿Para qué? Para poner en aprietos a la izquierda abertzale. O que las dieciséis pintadas contra el turismo que se borraron el martes en San Sebastián (las cuentas son de Ernesto Gasco) las realizasen en realidad los propios turistas, buscando la intervención en el país de potencias extranjeras de corte imperialista. Recuerden que Otegi ya advirtió en su día sobre lo que Internet y la música rock pretendían hacer con Lekeitio y Zubieta.

Mientras tanto, por Bilbao se ven muchos turistas. Parecen todos majísimos. Cada vez más. El Ayuntamiento les propone Iparraguirre como ruta sencilla para llegar del Guggenheim a la Alhóndiga y eso implica pasar frente a la sede de Basquetour. Si la izquierda abertzale va a seguir atacándola para neutralizar los pactos entre el PNV y el PP (o lo que fuera), convendría tomar medidas drásticas. Y decirles a los turistas que tiren mejor por Alameda de Recalde.

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