La telaraña

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Si no fuera por las consecuencias dramáticas que está ocasionando ya el desafío del Gobierno catalán y sus socios, el recurso al trabalenguas de Carles Puigdemont parecería una broma. Pero desgraciadamente no lo es. El president ha conseguido ir formando una telaraña de palabras en la que se ha visto atrapada la clase política, los observadores y los listillos desestabilizadores de las redes. Una telaraña en la que ha caído hasta el lehendakari Urkullu, que ayer, en una comparecencia sin preguntas, emplazó al presidente Rajoy a que no aplicara el artículo 155 de la Constitución porque, total, nunca se ha proclamado una declaración unilateral de independencia.

Llevamos unos cuantos días dando vueltas a la Torre de Babel, ¿qué dijo cuando dijo? Puigdemont enunció la independencia el pasado 10 de octubre. Sin votación parlamentaria para no darse de bruces con la legalidad constitucional y sin efectos legales porque él mismo se encargó de suspenderla ocho segundos después de su actuación. No se votó pero sí se enunció. Y lo que quiere hacer ahora es darle toda la solemnidad (lo de la efectividad ya será otro cantar) que no tuvo en su día porque trató de manejar el tiempo que ya se le ha echado encima.

En su segunda misiva al presidente Rajoy, el mandatario de la Generalitat dice que no declaró la independencia pero que lo hará si el Gobierno aplica el artículo 155 de la Constitución. Una excusa para justificar que sigue adelante con sus planes porque sabe, tan bien como Junqueras, que el renombrado artículo ya se está aplicando parcialmente desde que el Ejecutivo anunció que asumía todos los pagos de servicios esenciales e intervenía las cuentas de la Generalitat. Pero a Puigdemont le gusta enredar. Se le da bien la propaganda. En su segunda carta habló con desparpajo de que el pueblo de Cataluña decidió la independencia en un referéndum, a sabiendas de que la consulta fue ilegal porque la ley que lo convocaba fue suspendida y anulada por el Tribunal Constitucional. Olvidándose, de paso, de más de la mitad de los ciudadanos que no votaron y que forman parte de ese «pueblo» tan compacto al que suelen referirse los gobernantes catalanes.

Y volvió a exhibir el señuelo del diálogo sin explicitar al anonadado público que la negociación que él ha pretendido establecer durante todos estos meses ha sido en torno a las condiciones de la secesión.

El PNV, que ya ha anunciado que votará ‘no’ cuando se someta el 155 a consideración del Senado, tiene razón en una reflexión. Que Cataluña no necesita medidas excepcionales. Claro. ¿Ha habido mayor situación excepcional que la que está viviendo la comunidad catalana desde hace tiempo? Tan excepcional como la violación sistemática de la legalidad por parte de sus gobernantes, con el Parlamento secuestrado por Junts pel Si y la CUP desde que decidieron cerrarlo a cal y canto tras las sesiones del 6 y 7 de setiembre, cuando decidieron eliminar su propia autonomía sin facilitar un debate en el hemiciclo, desoyendo a los letrados y anulando a la oposición.

«El pueblo manda y el Gobierno obedece» proclamaba una portavoz de la CUP, consciente de que la Generalitat va siguiendo las pautas que marca su presión. Se aplicará el artículo 155 para restablecer la autonomía perdida. Gobierno y PSOE van juntos. Ciudadanos apoya. Se aleja la posibilidad de que Puigdemont (él y solo él) convoque elecciones autonómicas. Las empresas siguen huyendo.

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