De taxis y alquileres

Juan Carlos Viloria
JUAN CARLOS VILORIA

Estos días de agosto han coincidido en los informativos dos frentes de lucha contra la globalización y la economía colaborativa: los alquileres turísticos y los taxistas. Los primeros son objetivo de quienes se rebelan contra la comercialización de pisos que amenaza con expulsarles de sus lugares de residencia donde han disfrutado de alquileres baratos durante décadas. Los taxistas defienden con uñas y dientes su hegemonía secular en el sector del transporte privado urbano frente a la competencia. Son dos ejemplos de la resistencia socio-laboral al cambio de modelo económico y productivo que trae consigo la asociación entre la red y el libre mercado. La paradoja es que a algunos de los que en medio de la crisis de caballo pedían a gritos un cambio en el ‘modelo económico’ de España, ahora les tiemblan las piernas cuando comprueban los efectos colaterales de ese incipiente cambio de modelo productivo.

Las plataformas digitales de intercambio de productos y servicios, las innovadoras formas de emprendimiento, el nuevo concepto de la propiedad, la economía colaborativa, han venido para quedarse y ya suponen un porcentaje del PIB que no hará mas que crecer. El transporte privado bajo demanda, el reparto de comida a domicilio, el alquiler particular de viviendas y habitaciones al turismo, los nuevos operadores financieros, el ‘crowfundig’ o los préstamos económicos en red, son segmentos de la economía que revolucionarán el statu quo de muchas empresas y trabajadores. No hay quien lo pare. Que se lo pregunten al sector de la música o de los medios de comunicación, irreconocibles después de unos pocos años de irrupción de internet y nuevos operadores en sus negocios tradicionales.

Me río ahora recordando que años atrás, cuando salimos de las facultades los primeros licenciados en Ciencias de la Información, durante algún tiempo nos empeñamos en defender que los periodistas deberían de tener licenciatura y carnet. Luchábamos, convencidos, contra el intrusismo profesional ¡Qué ingenuos! La economía colaborativa y la irrupción de internet en segmentos maduros del mercado están mejorando la gestión de los recursos, el ahorro, la sostenibilidad, y generan más ventajas para el consumidor. Pero tiene su lado oscuro. En Francia se ha difundido que la plataforma de alquileres turísticos Airbnb (que es la misma que opera en Barcelona, San Sebastián y otras) ha pagado en 2016 en concepto de impuestos 92.000 euros. ¡Exactamente la misma cantidad que pagaron ocho profesores agregados de universidad! El sistema de facturación a través de su filial irlandesa evita que los beneficios fiscales repercutan en el país que sufre las consecuencias de la irrupción del alquiler turístico. En Nueva York, paraíso del libre mercado, ya han empezado a poner coto a la barra libre y es ilegal alquilar un apartamento completo menos de 30 días. El nuevo modelo tiene muchas ventajas, pero si no se regula puede ser como el caballo de Atila.

Fotos

Vídeos