demasiado tarde

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Calma. El lehendakari siempre ha dicho -y creo que tiene toda la razón- que lo importante no es cuándo y cómo te declaras independiente sino quién te reconoce como independiente en la escena internacional. Han pasado más de 17 horas desde la declaración y de momento no ha reconocido a la nueva República de Cataluña ni la Herriko Taberna de Ikaztegieta. Visto así, la cosa no parece tan grave. El lunes será mucho peor. Si hasta ahora han cambiado su domicilio social empresas cuya facturación supone el 30% del PIB catalán, el lunes cambiarán también su domicilio fiscal y, como ya han paralizado sus inversiones, empezarán a proyectarlas en otros lugares. Conclusión: menos actividad, menos riqueza, menos empleo.

El lunes la lista se engrosará con todas aquellas empresas que confiaban y esperaban que las aguas no llegasen tan alto. Tienen muchas razones para hacerlo. Querrán escapar de la inestabilidad política, querrán obviar la inseguridad jurídica. Querrán evitar la decisión de a qué agencia tributaria entregar las retenciones del IRPF que deben efectuar en los próximos días. Querrán ponerse a salvo de las restricciones comerciales europeas. Querrán que sus ventas no queden contaminadas por una declaración tan antipática para muchos de sus clientes.

La lista será interminable y la herida para la economía catalana, de una gravedad tremenda. ¿Cuántos de los alegres y combativos parlamentarios que han decidido la independencia se ganan el sueldo fabricando productos u ofreciendo servicios al mercado abierto? ¿Cuántos deben captar clientes para obtener ingresos suficientes para cobrar sus salarios? A la inmensa mayoría de ellos les cae el dinero en la nómina, sin saber cómo ha sido, ni de dónde ha venido. Por eso son tan valientes, por eso son tan desaprensivos, por eso están tan alocados.

El Gobierno propone el terrible art. 155 cuya aplicación será complicada… o más. Pero nadie debería olvidar que Montoro se sienta sobre el mullido colchón formado por tres cuartas partes de la deuda emitida por las autoridades catalanas. Si el lunes empieza a venderla, la prima de riesgo se irá al nivel de la de Ruanda. ¿Cómo financiarán entonces sus ensoñaciones? ¿A quién pedirán el dinero que no tienen? ¿Nadie piensa en eso?

No sé en qué medida se podrá aplicar el art. 155, ni si pacificará la situación o la encrespará aún más. Lo que es evidente es que el daño causado a la economía catalana y, en menor medida a la española, es enorme y ya no tiene arreglo. Es irreparable en un período mucho más largo de lo que tan ingenuamente suponen y con tan enorme ignorancia calculan. ¿Cuántos amigos hizo ayer Cataluña en el mundo? ¿Cuántos clientes ganará y cuántos perderá el lunes? ¿Cómo creen que les observa Europa, con ilusión o con crispación? ¿Cómo suponen que les recibirán las instituciones internacionales, si partimos de que hasta ahora no les han recibido en ninguna? ¿Cuántos apoyos obtendrán, cuánta comprensión?

Hasta ahora han sido muchos los que en Cataluña. y en la misma izquierda española, se han quejado de que la respuesta a sus aspiraciones por parte del Gobierno ha sido siempre la Ley (por cierto ¿qué hay de malo en ello?). Pues tranquilos, el lunes tendrán la respuesta del mercado. Y que no dude nadie de que será mucho más despiadada y mucho menos comprensiva. Alguien debería haber pensado en ello. Ahora ya es demasiado tarde.

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