El suicidio

Cuando alguien en posesión de sus facultades mentales decide quitarse la vida lo hace por dolor y soledad extremas

Fernando Luis Chivite
FERNANDO LUIS CHIVITE

Hace unos meses, este mismo año, se suicidó un hombre al que yo conocía. Se había jubilado hacía poco. No puedo decir que fuera un amigo íntimo, pero sí una de esas personas a las que conoces desde hace varias décadas porque es más o menos de tu generación, tenéis amigos comunes y habéis llevado vidas cercanas y hasta cierto punto parecidas en una ciudad tampoco demasiado grande.

Ni su mujer ni sus familiares y amigos más próximos se lo esperaban. Ni lo había anunciado ni dejó ninguna nota escrita. Causó estupor y pena en su entorno, claro. No obstante, yo tiendo a pensar que cuando alguien de cierta edad y en plena posesión de sus facultades mentales decide quitarse la vida, lo hace en unas circunstancias de dolor y soledad extremas, y que pretender conocerlas y arrojarse el derecho a juzgarlas es un signo de fanatismo y estupidez.

Muchas veces me he preguntado si yo sería capaz de hacerlo y tiendo a contestarme que sin duda lo sería si las circunstancias fueran lo suficientemente amargas e insolubles. Lo digo sin rodeos porque creo que es bueno desdramatizar el tema. Cuando se habla del suicidio en los medios se suele adoptar un énfasis severo propio de un moralismo de otra época. Como si fuera algo raro y terrible que nos asustara mencionar e incluso observar con objetividad. Cuando lo cierto es que en la actualidad el suicidio es la primera causa de muerte no natural en todo el mundo, muy por encima de las muertes debidas a los accidentes de tráfico, terrorismo y guerras. Y por supuesto en España también es así. En España se suicida una media de nueve personas cada día (aunque también se dice que hay mucho suicidio oculto que no se contabiliza como tal). Y el ritmo sigue aumentando.

En los últimos cuarenta años, el índice de suicidios ha aumentado más de un 50%. Así pues, resulta que en los tiempos del auge de la esperanza de vida cada vez nos suicidamos más. Curiosamente un doctor me comentaba hace poco que la tasa de suicidios entre los médicos es muy superior a la media y cuando le pregunté por qué se encogió de hombros (como dando a entender que lo que iba a responder era una obviedad) y dijo que los médicos saben cómo hacerlo sin que resulte demasiado aparatoso.

Cuando se suicida alguien que ha sido rico y famoso parece que debiera afectarnos de un modo especial. Como si se tendiera a creer estúpidamente que los ricos y famosos deberían ser inmunes al dolor. O que la causa de su infelicidad habría que achacarla a la ingratitud del público. Durante la denominada crisis financiera la tasa de suicidios aumentó debido a los factores económicos. Mucha gente se suicidó tras recibir una carta de desahucio. La fama y el dinero pueden ser un peso, claro (sobre todo cuando se pierden). Pero los pobres se suicidan más que los ricos, al menos hasta ahora.

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