SUBIR SUELDOS Y SALARIOS

El aumento de la remuneración debe tener en cuenta el tejido empresarial que generael empleo y analizarla productividad

MANFRED NOLTE

Días atrás la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha lanzado una enfática invitación al empresariado de nuestro país, para que comparta los efectos favorables de la recuperación económica, alto crecimiento y recuperación sostenida del empleo, subiendo los sueldos de los trabajadores por cuenta ajena del sector privado.

La arenga de la política onubense suscita algunas reflexiones importantes.

La distribución funcional de la renta nacional española hace referencia al reparto del PIB entre los dos principales factores productivos -capital y trabajo-, y su interés nace, no sólo de sus implicaciones en cuanto a la equidad, sino de su relación con la productividad, por lo que ayuda a conocer los procesos que explican la inversión y/o el crecimiento económico. La distribución funcional de la renta nos facilita en el caso de España dos elementos críticos de valoración: uno económico y otro social.

El primero, que la remuneración de los asalariados en nuestro país -aunque en una senda decreciente- supera todavía el 50% de la renta nacional y que, en su consecuencia, las subidas salariales son bienvenidas por su efecto inducido sobre el aumento del consumo nacional y en definitiva por su efecto multiplicador sobre el PIB. En teoría, y en principio, todos los aumentos salariales serían macroeconómicamente deseables.

El segundo aspecto se refiere a la equidad social. La devastadora crisis que ha producido una década perdida, ha afectado negativamente tanto a las rentas del trabajo como del capital. Pero los descensos de renta han sido más significativos en las familias más vulnerables debido a factores relacionados con el deterioro del mercado de trabajo: la pérdida de empleo -en especial el de menor cualificación-, el aumento del trabajo a tiempo parcial, o el aumento del empleo autónomo como alternativa a la falta de oportunidades de trabajo asalariado en las empresas existentes. Como colofón de lo anterior hay que recordar que son las políticas públicas las que amortiguan el aumento de la desigualdad causado por el empeoramiento del mercado de trabajo durante la crisis, aunque no eliminen todas sus consecuencias. La política salarial privada estará condicionada, todavía, por otros factores de mercado. No obstante, y desde el punto de vista normativo, sería altamente deseable que los salarios recuperaran paulatinamente su cuota de participación en la renta nacional.

Dicho lo cual, en una economía de mercado, la fijación de los salarios no puede obedecer a proclamas ni sólo a consideraciones voluntaristas. La teoría económica recuerda que la cantidad demandada de trabajo aumenta con la disminución de los salarios, y alternativamente disminuye con el aumento de los mismos. Subidas de salarios -salvo en sectores de comprobada competitividad- producen destrucción de empleo.

Y hablando de competitividad: la productividad de los factores, y en el caso que nos ocupa, la productividad del trabajo, marcan el umbral del salario y determinan la competitividad de la empresa, su permanencia en el mercado y en última instancia la garantía de los puestos de trabajo. Crecimientos de salarios por encima del crecimiento de la productividad, conducen según el esquema señalado a la destrucción de los empleos existentes. La productividad promedio del trabajo en España ha crecido en la década de la crisis un 13% como consecuencia de la destrucción masiva de puestos de trabajo y del descenso drástico (15,6%) de los costes laborales unitarios, pero se encuentra en un estado estacionario, cercano al crecimiento nulo. Conference Board lo estima en un +0,9% para 2017. La subida promedio salarial del primer semestre ha sido del 1,27%.

En consecuencia, las subidas salariales deben tener en cuenta el tejido empresarial sobre el que se teje el empleo en España, donde el 98% de las empresas emplean a menos de 10 trabajadores y una gran mayoría de ellas sigue en pérdidas o compensando las de ejercicios anteriores conviviendo con la morosidad, la nueva plaga que azota a este sector crítico de la producción. También los 5.000 convenios afectos a la negociación colectiva tienen que adoptar una actitud positivamente orientativa en relación a su productividad, a la hora de ajustar los salarios. Cada cual según su productividad para continuar con la senda de recuperación del empleo, como paso previo a la recuperación del nivel salarial.

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