Stop al acoso

La avalancha de denuncias de agresiones sexuales a mujeres moviliza a la sociedad y resquebraja un espeso muro de silencio

Stop al acoso
EL CORREO

La estomagante sucesión de escándalos relacionados con el acoso sexual a las mujeres que ha salido a la luz en las últimas semanas es solo la punta del iceberg de una intolerable realidad. Una mínima parte del infierno que, por el mero hecho de ser mujeres, sufren cientos de miles de personas anónimas en una sociedad avanzada en tantos terrenos, pero aún con múltiples carencias en materia de igualdad. La especial repugnancia de los hechos relatados, la avalancha de testimonios estremecedores y, en algunos casos, la relevancia de sus protagonistas han tenido al menos un efecto benéfico. Han propiciado la aparición de un movimiento transversal, global y espontáneo que denuncia sin tapujos una lacra sepultada durante años en un espeso silencio. Además, aporta luz sobre ella al desvelar en primera persona casos y más casos ocultos hasta ahora. Y se solidariza con las víctimas. Con todas. Ya sean famosas actrices de Hollywood humilladas por poderosos depredadores sexuales, la joven que denunció una violación en grupo por parte de una ‘manada’ salvaje o una menor de 15 años sometida por tres futbolistas en Aranda de Duero. O tantas mujeres anónimas cuyo sufrimiento ha tenido una menor proyección pública. Ese coro de voces mestizas -estrellas y personas desconocidas, de diversa ideología y extracción social- ha rasgado por fin el manto de silencio tejido durante largos años. A él han contribuido la complicidad y la cobardía de algunos. De esos que sabían o sospechaban que algo pasaba, pero nada hicieron por evitarlo o denunciarlo, con lo que dieron alas a la impunidad. También el rancio machismo que, de forma más o menos sibilina, arroja una sombra de culpa sobre las víctimas. Son esas vergonzosas actitudes que insinúan que la mujer acosada algo habrá hecho; que podría haberlo evitado si no vistiera así, si no hubiera sonreído, si no fuera tan maquillada, si no hubiera realizado aquel comentario jocoso... Si no hubiera ejercido su libertad. En el fondo de ese modo de pensar -cada vez más minoritario, pero aún presente en nuestra sociedad- anida la estúpida creencia de que las mujeres son seres inferiores en derechos que han venido a este mundo con la obligación de complacer a los hombres en todo lo que ellos deseen. Por fortuna, los varones no sólo han asumido una creciente conciencia de igualdad, sino que han dado un paso adelante para denunciar en voz alta comportamientos vomitivos que denigran a sus autores e inaceptables para cualquier ser humano.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos