Los socialistas se reinventan

La paralización institucional catalana condiciona todo el debate político nacional

Los socialistas se reinventan
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Cuarenta años después de que se constituyera el primer Consejo General Vasco presidido por Ramón Rubial e integrado por PNV, PSE, UCD y Euskadiko Ezkerra, la socialista Idoia Mendia reivindicó ayer aquel embrión del Gobierno vasco como la forma de hacer política con mayúsculas. Sin sectarismos ni imposiciones. Eran los inicios de la democracia. Tiempos difíciles compensados por la grandeza de los políticos de la Transición. La izquierda abertzale, que ahora participa en la ponencia parlamentaria de reforma del Estatuto, se autoexcluyó de aquel clima de pactos. Justificaba los atentados de ETA, que mataba a destajo. Aquel año 1978 cometió nada menos que 64 asesinatos. Estamos, afortunadamente, en otro momento político. Pero el avance democrático y autonómico que ha ido experimentando este país no se ha correspondido con una política de altura. Sin terrorismo pero con una paralización degradante en las instituciones catalanas que está condicionando todo el debate político nacional. Idoia Mendia sigue alertando del peligro de emular la aventura secesionista de Puigdemont ahora que el Parlamento vasco empieza a debatir sobre el nuevo Estatuto. Pero también consciente de que el bloqueo catalán afecta al debate interno del propio PSOE.

La controversia sobre la inmersión lingüística en Cataluña ha provocado nuevas discrepancias que no pasaron desapercibidas en la reunión del comité federal. La actual dirección socialista rechaza intervenir en el plan educativo para hacer cumplir las sentencias judiciales que velan por la igualdad de derechos de los alumnos a la hora de elegir el idioma en el que van a estudiar. Pero topó con la discrepancia de algunos barones. Son dirigentes que han ido perdiendo influencia a medida que Pedro Sánchez ha ido remodelando el partido a su imagen y semejanza. Pero que este debate, provocado por la guerra abierta entre el PP y Ciudadanos, traerá cola es una percepción extendida entre los dirigentes del partido. El PSC no ve maltrato del castellano en Cataluña y está persuadido de que Pedro Sánchez opina lo mismo aunque haya preferido eludir el pronunciamiento sobre una polémica tan sensible. El Tribunal Constitucional falló en 2010 que el castellano «debe disfrutar de la condición de lengua vehicular». No se ha cumplido. Otros dirigentes socialistas, además de los ‘menguados’ barones, plantearían batalla contra la inmersión lingüística pero prefieren no discutirle al líder.

Porque el PSOE va mutando hacia un partido presidencialista bajo la batuta de Pedro Sánchez. El nuevo reglamento aprobado sin discusión e incomparecencia de los presidentes autonómicos (de los 7 solo uno participó en la votación) blinda a Pedro Sánchez de la contestación. Puede estar tranquilo. Ha liquidado la discrepancia. Al menos hasta las próximas elecciones. Ahora que Podemos va languideciendo arrasado por la crisis catalana y ya no supone un riesgo de ‘sorpasso’, su impaciencia por llegar a La Moncloa se manifiesta a un ritmo más pausado. Mientras su estilo en política europea sigue siendo el del veto a la derecha. No importa que el PP votara, en su día, al socialista Josep Borrell para presidir el Parlamento. Sánchez no estaba allí. El nuevo PSOE empieza con él. Y él se estrenó en 2014 ordenando a su grupo votar en contra de la elección de Juncker como presidente de la Comisión Europea, contraviniendo un acuerdo de los grupos socialistas europeos. Lo ha vuelto a hacer ahora con Luis de Guindos para la vicepresidencia del BCE. Vaya por Dios, no es mujer. Un argumento que ha caído por su propio peso a la hora de defender a Elena Valenciano para presidir el grupo parlamentario de la Alianza Progresista. Y es que a Pedro Sánchez no le basta que sea mujer; tiene que ser, además, de su cuerda.

Malos tiempos para la socialdemocracia. En Europa vive una situación de crisis instalada desde hace décadas. Su aportación al Estado del bienestar del siglo XX no ha aguantado las exigencias de los nuevos tiempos. La mayoría de sus partidos han ido virando hacia programas liberales. En Alemania tienen que gobernar con la derecha. En Francia, su declive hizo emerger a un Macron más centrista. De Grecia, mejor no hablar. El rumbo actual del PSOE marca hacia la izquierda con tentaciones populistas. Las urnas le examinarán. Tiene tiempo para seguir reinventándose lejos del neoliberalismo que lucieron algunos asesores de su antecesor Zapatero. Le queda un año.

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