Socialismo sin rumbo

Sánchez y Díaz corren el riesgo de transmitir la idea de que hay dos almas irreconciliables en el PSOE

La clausura del 13º congreso del PSOE de Andalucía reunió en Sevilla a Pedro Sánchez y Susana Díaz ante un público -la militancia socialista- impaciente por calibrar hasta qué punto se han superado las diferencias protagonizadas por ambos en las primarias, y hasta qué punto persisten las desavenencias. Los gestos de saludo y los buenos deseos que se intercambiaron Díaz y Sánchez no fueron suficientemente calurosos e inequívocos como para que trascendiera la frialdad del encuentro, las advertencias mutuas y un trasfondo de desconfianza que no pudieron disimular. El secretario general federal y la líder de la principal federación socialista corren el riesgo de transmitir la idea de que hay dos almas irreconciliables en el PSOE, y de recrear por activa o pasiva la sensación de que una buena parte del partido ha decidido mantenerse a la espera de que Pedro Sánchez fracase; razón por la que se autoexcluye o es excluida de la toma de decisiones. La composición monocolor de la ejecutiva del PSOE-A responde a ello. Susana Díaz no correspondió al apoyo público de Pedro Sánchez para que vuelva a ganar las autonómicas andaluzas en 2019, y éste pareció limitar la participación de la presidenta de la Junta en el futuro del PSOE a lo que haga en Andalucía. Es probable que Díaz no vea necesario el concurso del resto del socialismo español para asegurar su continuidad al frente de la autonomía, pero podría equivocarse si insiste en justificar el mantenimiento de la tensión respecto a Sánchez como obligación derivada de su mandato de presidenta de todos los andaluces. Por su parte, el secretario general del PSOE debería mostrarse más consciente de que está sujeto a prueba a la cabeza de un partido que ya no cuenta con la garantía de una alternancia periódica, como en tiempos del bipartidismo. Conviene recordar también que aunque Susana Díaz se las dé de ganadora, y esa sea la idea fuerza que han logrado destacar sus partidarios, solo venció en las autonómicas de 2015 bajando cuatro puntos respecto a la victoria de Griñán en 2012, y consiguió que su partido fuera el primero de Andalucía en las dos últimas generales pero sin poder frenar la pérdida experimentada por el PSOE en el conjunto de España. Lo que debilita al socialismo es que su liderazgo referencial continúe en disputa entre ella y un Pedro Sánchez que se enredó en el intento de conformar una alternativa a Rajoy tras los comicios de 2015 y 2016, y que no acaba de clarificar su rumbo en 2017.

Maduro, en precario

Por insólito que parezca, el régimen venezolano culminó ayer el ventajista procedimiento inventado para superar su neta inferioridad parlamentaria y celebró la elección por sufragio universal de los delegados que deberán redactar una nueva Constitución que nadie ha pedido porque la vigente es del todo suficiente para garantizar el funcionamiento de las instituciones. El régimen inventó de la noche a la mañana este pretendido llamamiento al pueblo soberano para que presuntamente supere la gravísima crisis que atraviesa el país. Ni qué decir tiene que la operación tiene truco y maneja el censo y su reparto regional de modo que el oficialismo tenga garantizado un buen resultado. El mundo sensato no necesita advertir -aunque algunos gobiernos latinoamericanos han creído su deber hacerlo- que no reconocerá el resultado. Y hace bien: la jornada, lejos de extender la satisfacción de votar en libertad y con gusto, fue otra exhibición de indecente y peligrosa torpeza antipatriótica.

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