Serenidad y concordia

La inmensa mayoría del país pudo verse reflejada en el discurso de Nochebuena del rey Felipe VI

Serenidad y concordia
EL CORREO

El rey Felipe VI dirigió en Nochebuena a los españoles un discurso en el que pudo verse retratada la inmensa mayoría del país. La serenidad y la concordia fueron sus principales propósitos para el año que viene, tras un 2017 tensionado por las incertidumbres de Cataluña. El objetivo principal que señaló fue la puesta al día de España en un entorno cambiante, actualización que solo puede darse a partir de la reivindicación de «la transformación más profunda de nuestra historia», en 40 años de convivencia. La base de partida para el futuro ha de ser, en palabras del Rey, el reconocimiento y el respeto a las diferencias y la pluralidad; siempre con un afán integrador. La unidad que invocó Felipe VI no es la de las esencias identitarias, sino la de los valores democráticos. Por eso advirtió de que nadie «puede imponer las ideas propias frente a los derechos de los demás». Estas palabras y su deseo de que «las ideas no distancien ni separen a las familias y a los amigos» atienden especialmente a la situación catalana, pero deben aplicarse al conjunto de la vida pública en España. Entre otras razones porque el rupturismo en aquella comunidad recurre continuamente al supuesto de que la democracia española es deficitaria en términos de libertad y tolerancia; precisamente cuando el proyecto para una república catalana se asienta en el ocultamiento de que más de la mitad de los catalanes sigue mostrándose reacio a tal objetivo. La alocución del Rey fue precedida del emplazamiento público de Puigdemont para que el Monarca rectificara, y seguida de las críticas de un independentismo que insiste en leer solo una parte de los resultados del 21-D, reacio a admitir que no cuenta con la mayoría absoluta de los votantes. Al jefe del Estado corresponde arbitrar el entendimiento en el marco de la Constitución. La única rectificación exigible es aquella que comprometa a los responsables institucionales a atenerse a las previsiones legales. Felipe VI se refirió a otros tres problemas candentes. La violencia de género como reflejo extremo de una sociedad machista, el desafío inaplazable que supone el cambio climático y la necesidad de fortalecer la Unión Europea en los actuales momentos de zozobra. No son asuntos inconexos, porque todos ellos apelan a la entereza moral de una sociedad que sólo puede serlo solidariamente; que sólo puede integrarse en el esfuerzo compartido.

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