Más sensaciones que otra cosa

el contraanálisis

El partido contra el Real Madrid no nos va a servir como referencia para intuir qué nos puede deparar el futuro

RAÚL ALÚSTIZA

Suele ser muy común que cuando los equipos modestos juegan contra los grandes salgan del partido diciendo la típica frase de ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’. Se comentaba después del partido contra el Real Madrid que el equipo dio otra sensación, que fue otro y que por lo menos se le vio competir. Yo no estoy del todo de acuerdo. No me fio de las sensaciones que se perciben en situaciones tan delicadas, porque creo que todo obedece más a la ilusión de querer ver algo esperanzador que haga generar un cierto optimismo que a la propia realidad que se ve, sin datos reales ni objetivos.

Si observamos un poco el contexto en que se vivió el partido contra el Real Madrid, hay un detalle que condicionó la posterior opinión. Era fácil comprobar cómo en la víspera se podía respirar en el ambiente una cierta resignación positiva. Aunque no lo expresásemos en voz alta, en nuestro foro interno nos conformábamos con realizar un encuentro digno. En el pensamiento de todos estaba claro que la empresa era harto difícil. Por lo tanto, salimos del partido queriendo ver lo positivo del equipo, con una sensación menos dolorosa por una derrota ya asumida de antemano.

Y aunque personalmente he tenido sensaciones parecidas, no me fio de mí mismo y prefiero confírmarlo o desmentirlo con datos objetivos, como son las estadísticas tras el enfrentamiento o el análisis del video. Y éstos evidencian con rotundidad que los números o porcentajes fueron malos. Incluso, peor que contra el Barça. Falló hasta el que nunca suele fallar, el portero Pacheco. En parte es lógica esa predisposición positiva, porque si nos ponemos en el contexto en que se vivió el partido, teniendo en frente el potencial de un súper equipo contra nuestra delicada situación, lo lógico es que nos conformáramos con que el encuentro no supusiera un daño en la autoestima de los nuestros.

Me hace gracia cuando oigo ese término tan usado y manoseado últimamente, lo de que ‘al menos el equipo ha competido’. Eso es una verdad a medias, porque compitiendo como el sábado, ese atenuante en el fútbol solo vale para un par de derrotas más. Aunque el equipo se emplee con más esfuerzo, tanto o más rigor táctico, tensión competitiva e ilusión por ganar que las que se empleó el sábado en Mendizorroza, si se pierde, seguro que no lo percibiremos de igual manera. Y a partir de aquí, los argumentos y las miradas empiezan a cambiar el punto de mira. Es entonces cuando aparecen en escena los jugadores y su indolencia, y ,por supuesto, el secretario técnico y su falta de puntería en el acierto de los fichajes, en definitiva, todo lo contrario a lo de la campaña anterior. Algo que en estos casos es muy típico en el fútbol.

También hay que señalar que este partido no nos va a servir de mucho como referencia para intuir qué nos puede deparar el equipo en el futuro. Entre otras cosas, porque ya tenemos al nuevo técnico trabajando, De Biasi. Aunque yo soy bastante desconfiado en esto de los cambios de entrenador, me agarro como a un clavo ardiendo a esas esperanzadoras sensaciones que trae de la mano su discurso optimista.

Este es un ejemplo más de las muchas incoherencias del fútbol. Resulta que se ha confeccionado una plantilla con jugadores ‘jugones’, salvando las distancias y con muchos matices, y ahora se ficha a un entrenador en las antípodas del anterior y, por supuesto, del estilo de la plantilla. Un entrenador que según cuentan, juega a no jugar, aunque estoy casi seguro de que en esta definición del nuevo míster habrá mucho de leyenda urbana italiana, queriendo asociar todo lo italiano al ‘catenaccio’.

Exagerando un poco esta idea, si un día al bueno de De Biasi se le ocurre sacar dos líneas de cinco para plantear un ‘catenaccio’, lo va a tener difícil para encontrar diez jugadores en la plantilla de corte defensivo. Pero también soy de la opinión de que para el entrenador es más fácil inculcar una mentalidad y rigor defensivos a un ‘jugón con talento, que convertir en ‘jugón’ y con talento a un jugador defensivo limitado técnicamente. El rigor y el esfuerzo es cuestión de voluntad y trabajo, y el talento, de genética y de un adecuado trabajo de entrenamiento futbolístico a lo largo de su vida.

Por lo que se comenta, De Biasi debe tener ciertas virtudes para motivar y enchufar a los jugadores. Espero que sea un virtuoso de la motivación, de la psicología, parapsicología y de la magia, porque lo que más suelen reclamar los entrenadores, el tiempo, en este caso no existe. Si hacemos un paralelismo con la teoría de la relatividad y la ecuación tiempo-espacio, De Biasi va a tener que descubrir una fórmula nueva, porque para él, tiempo no existe. Solo podrá contar con el espacio o lo que es lo mismo, el terreno de juego para entrenar al límite.

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