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Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Ni el Real Madrid es el que era, ni el artículo 155 es el que pudo ser. Las cuestiones de Estado se están volviendo de estadio porque el nacionalismo siempre tiene una raíz cateta y es probable que llegue el momento en el que las medidas necesarias no hagan ninguna falta y el llamado «estado de sitio» ocupe el sitio del Estado. Circulan tantas posverdades que no sabemos cuál de ellas miente más y mejor. Creo que fue Andreotti el que dijo que gobernar no consiste en revolver los distintos problemas que se suceden unos a otros, sino en hacer callar a quienes los plantean. El soberanismo catalán trae locos incluso a los que más presumían de cordura. ¿Cuáles serán las medidas necesarias? Los estados democráticos, como afortunadamente es el nuestro, sólo demuestran que son fuertes cuando se ataca a la democracia. Le han tenido miedo todos nuestros mandamases últimos, excepto Felipe González, hasta que descubrió que es preferible ser millonario en vida que luchar por los pobres, que jamás se acostumbran a serlo, por muchas promesas que se les haga.

Faltan locales y los independentistas se amotinan, cada uno con su estelada, frente al Ayuntamiento de Barcelona. Ada Colau no cede los espacios precisos, pero le pide a la Generalitat que le diga cuáles son las determinaciones que aún puede tomar sin aumentar el riesgo de los funcionarios. Puigdemont y Forcadell pueden ir a la trena, pero lo que buscan sus seguidores es un muerto. O varios. Hay gente siempre dispuesta a derramar hasta la última gota de su sangre, siempre que sea de otros. El referéndum ilegal ha perdido fuerza, pero le quedan las suficientes. Vivir para ver en qué queda esto de las patrias y de las nacionalidades.

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