Un salto de gigante para Bizkaia

El túnel bajo la ría que unirá las dos márgenes y la ampliación de la Supersur revolucionarán las conexiones por carretera en apenas una década

Un salto de gigante para Bizkaia
EL CORREO

Bizkaia se dispone a dar un salto de gigante en la mejora de sus comunicaciones, que dejará viejos en unos pocos años los actuales mapas de carreteras y transformará la forma de moverse por el territorio. Los dos proyectos presentados ayer por la Diputación figurarán entre las principales obras de la primera mitad del siglo en Bizkaia no solo por su coste económico -casi 600 millones en total-, sino por su enorme impacto social. El enlace entre las dos márgenes a través de un túnel bajo la ría aspira a descongestionar el puente de Rontegi, La Avanzada y la A-8 a su paso por la recta de Max Center, que se encuentran al límite de su capacidad desde hace años. La segunda fase de la Supersur, entre Peñascal y Venta Alta, refuerza el sentido de esta infraestructura al enlazarla con la autopista AP-68 y ofrecer una conexión directa con la Meseta. Con el túnel subfluvial de tres kilómetros que unirá las rotondas de Artaza, en Getxo, y Ballonti en las inmediaciones de Nervacero, la Diputación desempolva un proyecto aparcado en 2004 a la espera de una coyuntura más favorable, que por fin ha llegado. El fuerte incremento del tráfico en Bizkaia, acelerado en las grandes vías desde el inicio de la recuperación económica, le ha empujado a abordar esta obra de extraordinaria complejidad técnica ante el riesgo de colapso a medio plazo de las carreteras más estratégicas del territorio. El 'gemelo' de Rontegi anunciado hace meses por el diputado general, Unai Rementeria, discurrirá finalmente bajo la ría, frente a los puentes alternativos en Axpe y Lutxana que habían sido barajados, y será realidad en 2027, según los planes del Gobierno foral. Sus trabajos comenzarán tras la puesta en marcha de la segunda fase de la Supersur en 2023. La pujanza de la economía vizcaína -traducida en un elevado aumento de la recaudación por impuestos- y el músculo financiero de la Diputación le permiten encadenar dos obras tan ambiciosas. Ambos proyectos son un buen reflejo de las potencialidades que ofrece una adecuada gestión del Concierto Económico. Pocas administraciones en España están en disposición de encarar iniciativas de tal dimensión. Conviene no olvidarlo cuando desde algunos ámbitos se infravalora el altísimo nivel de autogobierno del que disfruta Euskadi.

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