Salarios a la baja

Los sueldos medios en Euskadi encadenan cuatro años de descensos por el relevo generacional y la resaca de la crisis

Un trabajador cumple su turno en una fundición vasca./MAIKA SALGUERO
Un trabajador cumple su turno en una fundición vasca. / MAIKA SALGUERO
ELCORREO

Los salarios que perciben los trabajadores en Euskadi acumulan cuatro años de caída. Una situación tan excepcional que no se registra en ninguna otra comunidad y que sería deseable corregir cuanto antes. Entre 2013 y 2016 los sueldos medios solo bajaron en cinco autonomías; donde más, en el País Vasco: un 2,43%, según el INE. Esa tendencia se mantiene el presente ejercicio. Los costes laborales han soportado buena parte del intenso ajuste que las empresas vascas se han visto obligadas a realizar en los momentos más crudos de la crisis para sobrevivir y ser competitivas. Un ajuste imprescindible, que ha adquirido diversas formas en función de las circunstancias de cada compañía: subidas moderadas de salarios en algunos casos, congelación pura y dura en otros, rebajas más o menos drásticas en una minoría (sobre todo, en firmas al borde de la quiebra)... y recortes de plantilla y la sustitución de una parte del personal de más edad (y sueldos más altos) por trabajadores jóvenes y mucho más baratos, con retribuciones al borde del mínimo legal. Este último factor, preocupante y muy extendido entre las nuevas generaciones que se incorporan al mercado laboral, explica básicamente la rebaja estadística de unos salarios que siguen a la cabeza de España y han aumentado un 1,56% de media en los escasos convenios firmados este año. También la extensión del empleo a tiempo parcial (unas pocas horas a la semana a cambio de un sueldo reducido). Mientras tanto, los cientos de miles de vascos castigados por el irresponsable bloqueo de la negociación colectiva mantienen congeladas las retribuciones fijadas en el último convenio, date de cuando date. La pujanza económica que exhibe Euskadi ofrece margen para un aumento de los salarios, con las cautelas que sean necesarias en cada caso. Sobre todo, en las empresas y sectores que, tras arduos sacrificios, han sabido salir de la crisis sin heridas que amenacen su futuro más inmediato. Al margen de ello, urge una profunda reflexión sobre las precarias condiciones -incluso peores que antes de la crisis- que el mercado laboral ofrece de forma casi generalizada a los jóvenes que acceden a él. Unas condiciones que alejan a los profesionales mejor formados, desincentivan incluso a una parte de los privilegiados que logran un empleo -en muchos casos, muy por debajo de su nivel de cualificación- y tienen indeseados efectos sociales. Entre ellos, por citar solo algunos, el retraso en la edad de emancipación y una insostenible (por baja) tasa de natalidad, muy inquietante en una sociedad tan envejecida como la vasca.

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