Ruptura... con la democracia

El independentismo cumple su amenaza y consuma la primera etapa de su desafío al Estado con desprecio absoluto de la ley

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Sucedió, me parece recordar, hace cuatro años. Había viajado a Barcelona para cubrir informativamente para este periódico otra masiva Diada y a la noche acudí hasta los estudios de la radio pública catalana para tomar parte en la tertulia política nocturna de Radio Euskadi. Entre los participantes, periodistas catalanes, vascos y una militante independentista de la Asamblea Nacional Catalana (ANV).

Cuando terminó el programa, el debate siguió en una cafetería próxima. «Demostraciones como la de la Diada de hoy están muy bien, no digo que no, pero debemos dar un salto adelante. Sólo lograremos la independencia desbordando la legalidad española, desobedeciéndola, ignorándola. En el Govern (entonces en manos de CiU) han empezado a entenderlo. Debemos desbordar la legalidad de España cuanto antes y marcharnos», insistió.

El de ayer debió ser un día feliz para mi contertulia. Sus deseos de entonces los convirtieron en realidad primero el Parlament y luego el Govern catalanes: despreciar la legalidad -la catalana y la española-, pisotearla, desbordarla para consumar la primera parte del desafío secesionista al Estado.

Como cabía prever, de nada sirvieron meses de advertencias del Gobierno, la oposición y diversas instancias del Estado. Ni siquiera la constatación de la soledad internacional del independentismo catalán que, pese a los millones de euros dilapidados en infructuosos viajes a numerosas capitales europeas en busca de apoyos, lo único que ha logrado son elocuentes silencios y advertencias contra sus planes.

Tampoco la contundente y valiente actuación que protagonizaron ayer, primero los letrados del Parlament y luego el Consejo de Garantías Estatutarias, una especie de Constitucional a la catalana. Unos (secretario general y letrado mayor del Parlament) y otro (el Consell) no dudaron en ejercer de aguafiestas de la juerga que se había preparado el independentismo.

Ambos rechazaron de plano la tramitación exprés de la Ley del Referéndum de Autodeterminación. Los primeros avisaron, además, que se estaban desoyendo las advertencias de ilegalidad que realizó en su día el Constitucional al respecto.

Como la presidente del Parlament, Carme Forcadell -vergonzoso el espectáculo de partidismo antidemocrático al que se oprestó todo el día- , y la mayoría soberanista de la Mesa ignoraron el aviso, los juristas se negaron a ordenar la publicación del proyecto de ley en el boletín oficial, preceptivo para poder celebrar el debate. ¿Solución? Forcadell y los suyos fueron quienes lo hicieron sin el menor amparo legal.

Es más que probable que el Tribunal Constitucional anule en las próximas horas, a instancias del Gobierno Rajoy, tanto la ley como el decreto de convocatoria del referéndum ilegal del 1 de octubre. No sólo. Entra dentro de las previsiones también que actúe contra Carme Forcadell, los miembros de la Mesa del Parlament del ala secesionista y ya veremos si también contra el Govern.

La Fiscalía anunció ayer que también procederá contra ellos ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Interpondrá una querella por desobediciencia y prevaricación.

Creo que fue Napoleón quien dijo aquello de que de lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso. Pues bien, si el independentismo catalán pretendía que el de ayer fuera un día para la historia ciertamente lo consiguió. Quedará para siempre la patética, la vergonzosa demostración de falta de respeto a la democracia perpetrada por el soberanismo.

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