Rodear el museo

55.431 vizcaínos aceptan la invitación foral al Guggenheim

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El mes pasado, el diputado general dejó una invitación en los buzones de alrededor de 975.000 ciudadanos de Bizkaia. No lo hizo él personalmente, aunque sí aparecía, personalmente, en la invitación. Con foto y todo. Unai Rementeria sonreía en la parte superior derecha de la tarjeta, donde suelen aparecer los nombres de los padres del novio. La invitación constaba de una entrada gratuita para el Guggenheim y de dos cuponcitos que permitían venir a Bilbao viajando gratis en Bizkaibus. Todo tenía que ver con el vigésimo aniversario del Guggenheim. «Queremos que todos los vizcaínos y vizcaínas se sientan parte del Museo».

Las invitaciones son válidas durante todo octubre y ayer la Diputación informó sobre cómo va lo de hacer que la gente se sienta parte de las cosas. Lo hizo viendo la estadística medio llena: «El 35% de las visitas al Museo Guggenheim en octubre se han realizado con la invitación de la Diputación Foral de Bizkaia». La estadística medio vacía indica que de las 975.000 invitaciones repartidas se han utilizado 55.431. Aplicando el exacto reverso del énfasis foral, el titular podría quedar así: «El 94% de los vizcaínos y vizcaínas esquiva la invitación de la Diputación para ver el Guggenheim».

Esto de las cifras es siempre un poco abstracto, pero se nos ha dicho que el pasado puente hubo 300.000 personas viendo el espectáculo de iluminación del Guggenheim. La inmensa mayoría de ellos serían vizcaínos, y eso invita a extraer una conclusión: los vizcaínos somos mejores rodeando museos que entrando en ellos. Sería un dato positivo si tuviésemos previsto, por ejemplo, asediar el Prado. Si de lo que se trata es de fomentar el amor por el conocimiento y los museos propios, quizá fuese mejor dejar a un lado el marketing y apostar por la cultura de un modo más paciente y productivo. Por otro lado, entre los motivos que llevan a los vizcaínos a entrar, con frecuencia y pagando, en el Guggenheim hay uno tan fundamental como secreto: acompañar a las visitas. La invitación foral habría sido un éxito si en lugar de billetes de Bizkaibus incluyese pases para los familiares y amigos de fuera, esos pesados que no acaban de aterrizar y ya quieren que los llevemos a ver el Guggenheim y sacarse fotos con ‘Putin’, ‘Cuqui’, ‘Popper’, ¿cómo se llama?, ya sabes: el perro ese gigante que tenéis.

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