EL Riagnóstico

La ría no es apta para el baño, pero está libre de leptospira

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El alcalde compareció en el Salón Árabe acompañado de seis concejales, seis, y lo anunció: «Bilbaínos, la leptospira ha muerto». No dijo eso, claro. Pero anunció que los análisis de «extraordinaria complejidad» realizados en cuatro puntos de la ría por encargo del Ayuntamiento indican que no hay rastro de la bacteria marrullera.

Aburto se mostró categórico y abstracto. «Lo primero son las personas». Tras de él, un cortinón con un escudo de la villa bordado en oro. El alcalde quedaba perfectamente alineado bajo el puente de San Antón, de modo que a nivel simbólico no solo se bañaba en la ría, sino que buceaba, pero en la versión áurea de la ría, en la mítica, la que cantaba Sánchez Mazas hace un siglo: «Un tiempo hubo en que la que hoy es verde fue azul como los limpios cielos».

El diagnóstico de la ría, en adelante el riagnóstico, confirmó que, como se venía diciendo, el Nervión no es apto para el baño. El alcalde informó de que los parámetros de estreptococo y E.coli son «muy altos», aunque tampoco aclaró cuánto de alto exactamente. ¿Qué significa eso? Pues que todo seguirá como hasta ahora en lo tocante a las actividades que no implican mucho contacto con el agua: piraguas, traineras, pesca, cosas así. En cuanto a las pruebas de natación, se aspira a seguir con ellas aunque contando con unos análisis periódicos que ayudarán a que pueda cumplirse lo que hemos venido escuchando con insistencia: en una zona no apta para el baño uno se baña bajo su propia responsabilidad.

Durante su comparecencia, el alcalde definió lo ocurrido en los últimos días como «un revuelo» y una cuestión de «mala suerte». Lo hizo insistiendo en el peligro de una especie de iconoclastia en auge, como si fuese mejor reaccionar a un supuesto derrumbe del ideal que impulsarse sobre la simple realidad incontrovertible: la ría era hace no mucho una alcantarilla y hoy, tras grandes esfuerzos e inversiones, está mucho mejor: es un río urbano muy presentable. Otra cosa es que funja de piscina olímpica. A partir de ahí, las apelaciones al orgullo, la maravilla y el simbolismo encajan mejor con la poesía que con la administración. Hacen pensar en el joven Sánchez Mazas, flipándolo en 1916: «Así como Venecia se hizo esposa del mar y celebró con él sus esponsales, así Bilbao se hizo señor y esposo de su ría…».

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