El reto de las migraciones

Europa no puede eludir su responsabilidad ante la masiva llegada de refugiados

El reto de las migraciones
EL CORREO

España y Europa asisten, desde comienzos del nuevo milenio, a un notable aumento de su diversidad social. El masivo flujo de inmigrantes ha permitido cubrir empleos con alta demanda, pero poco atractivos para los autóctonos, y ha insuflado un necesario aire a la natalidad. A la llegada de personas que han dejado sus lugares de origen en busca de un futuro mejor se ha sumado la crisis de los refugiados que, sin ser nueva, nos ha confrontado con otra realidad: la de quienes se ven obligados a huir de su tierra para no morir en una guerra o ser asesinados por sus ideas. Los refugiados, cuyo protagonismo es ineludible en el Día Internacional del Migrante, que se celebra hoy. La crisis humanitaria desatada en el Estrecho de Lesbos o en las aguas de Lampedusa ha despertado nuestra conciencia dormida, anestesiada quizás por el olvido de las pateras en las costas de Andalucía o los saltos en cayuco desde África Occidental a las islas Canarias. La actual realidad migratoria se manifiesta como un asunto de extrema complejidad en el que intervienen factores diversos. Entre ellos, la desigualdad norte-sur; los conflictos bélicos surgidos desde 2010 en Túnez, Egipto, Siria, Libia y otros países -las llamadas ‘primaveras árabes’- y la actuación de grupos organizados dedicados al tráfico y explotación de seres humanos. Si esta situación era de por sí terrible desde el punto de vista humanitario, el miedo cerval ante el terrorismo de corte islamista radical ha provocado un más que criticable bloqueo en la gestión europea de los nuevos contingentes de personas migrantes y refugiadas. No podemos eludir nuestras responsabilidades humanitarias ni los compromisos internacionales en materia de derechos humanos. Pero tampoco caer en la demagogia y pensar que es factible eliminar nuestra frontera sur y abrir el país a contingentes de migrantes ilimitados que no podríamos, de ninguna forma, gestionar como sociedad. Situaciones como la citación judicial en Marruecos a la activista Helena Maleno nos confrontan ante una disyuntiva que pivota entre la humanidad y la aceptación del tráfico ilegal de personas. La única solución definitiva que Europa puede ofrecer ante la desesperada llegada de huidos del hambre o de los bombardeos pasa por la generación de riqueza en el Magreb y África Occidental y por impedir nuevas guerras en esas zonas. No hay otra fórmula.

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