El retiro de Marc Márquez

ÁNGEL RESA

Quizá en el ocaso de su carrera a lomos de una GP decida Marc Márquez probar su nivel de adrenalina por la extensa trama urbana de Vitoria. ¿Sobre el asfalto pintado para los coches? ¿Encima del carril-bici rotulado en blanco o pintadito de rosa? ¿Apurando la línea recta de las aceras? El día en que se defina por dónde demonios deben de circular estos artefactos modernos que venimos en llamar patinetes eléctricos a falta de otros bautizos más precisos ya avisaremos al formidable piloto ilerdense cuándo puede pasarse a rodar por aquí. Porque esa especie de ‘scooter’ de ruedas bajas, sillín elevado que estiliza y yergue figuras -cuánta dignidad en la estampa- y propulsión a motor se mueve por el espacio nebuloso o el limbo legal.

Al principio nos ocurrió con esos ejemplares móviles lo mismo que cuando veíamos a aquellos seres extraños que conocíamos con el nombre de turistas. Sorprendentes, curiosos, raros, excéntricos y singulares. Pero el auge del ciclomotor vanguardista va en aumento, como las dioptrías en las vistas cansadas, y parece conveniente dictar unas normas, mínimas siquiera, que acoten los derechos y los preceptos de quienes los manejan. Porque antes los peatones, los mismos que cruzan con el muñequito andante en rojo por el artículo 33, habían de cuidarse de los automóviles. Después, de sortear o hacer el Don Tancredo frente al zig-zag de las bicis. Y ahora, también, de evitar un topetazo de patinete eléctrico a 30 kilómetros por hora. Suficiente para desencuadernar caderas o, incluso, peor me lo ponen.

Así que ante este muevo medio de locomoción, que mal usado puedes representar otro peligro en toda regla dentro de la ciudad de El Caminante, el Ayuntamiento prevé adelantar por la izquierda a la mismísima Dirección General de Tráfico. Mientras esta convoca reuniones -a las que también asisten los representantes vitorianos- para elaborar un reglamento ‘patineril’, el Gobierno municipal prevé redactar cuanto antes su propia ordenanza. Y bien parece establecer límites que acoten privilegios y responsabilidades antes de incrementar las listas de espera de los traumatólogos.

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