Reporteros al agua

MIKEL LABASTIDA

Fantasmagórico. Así calificó, este fin de semana, el paso del huracán 'Irma' por Florida Matías Prats, que cada vez está más Piqueras. Tanto monta, monta tanto. Y de repente apareció José Ángel Abad, cual espectro que llega del más allá. De un más allá lluvioso y bronco, eso sí. El reportero ha sido en los últimos días el encargado de mostrar en Antena 3 las inclemencias del ciclón. Y lo ha hecho in situ. «No es precisamente el día con el que uno sueña en Miami», decía en la conexión con el informativo nocturno mientras salía a la calle para demostrar la fuerza de los vientos y las tormentas. La cámara empañada por el agua y el periodista tambaleándose, con el chubasquero y el pelo volándose. No hay cabello que soporte semejante temporal. Fantasmagórico, sí. El espectador solo podía padecer al ver a ese pobre hombre en tremendo escenario para narrar el suceso.

Que digo yo que tal vez deberíamos revisar si lo de estar al pie de la noticia hace falta que sea tan literal. Almudena Ariza, excelente corresponsal de TVE en Estados Unidos, lleva toda la semana metiéndose en charcos para que la audiencia se cerciore de las dimensiones de la tragedia. En Houston el agua le cubría hasta la cintura. La imagen, por supuesto, impactaba. Como también impactaría si la viésemos esposada en el suelo cuando ofrece la cobertura de una redada o vestida de bombera entre las llamas de un incendio. Tales extremos no hemos alcanzado, por fortuna. Pero nunca se sabe. Quizás alguien ha confundido lo que es exactamente el periodismo de riesgo. Que no de riego.

El periodista protagonista en las narraciones de fenómenos meteorológicos no es una figura de la que solo hagan uso las cadenas españolas. En tesituras similares hemos pedido ver en la CNN a John Berman, completamente empapado, o a Mike Seidel, de The Weather Channel, sujetándose a una farola para mantenerse en pie. «¿Qué sentido tiene que reporteros en situaciones extremas le pidan al público que haga justamente lo contrario?», se preguntaba 'The New York Times' en un artículo con bastante sentido que bien podría haber terminado así: al peligro, con tiento; y al remedio, con tiempo.

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