El repliegue

El repliegue
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

El expresidente de la Generalitat Artur Mas dice ahora que la petición de la independencia, alentada por él, fue solamente simbólica, o sea, un ensayo general con la mitad de los catalanes, más o menos. El frustrado líder reniega ahora del ‘procés’, mientras Anna Gabriel se ha fugado -ella dice que refugiado- a Suiza. Su proyecto más inmediato es no tener que declarar ante el juez del Supremo Pablo Llarena y para que se cumpla lo mejor es poner distancia, porque no le basta con poner dificultades. La madeja catalana crece cuando se tira de cualquier hilo. Mientras, el presidente del Parlament aplaza una vez más la petición de cambiar la ley para que el más recalcitrante de los huidos, que es Carles Puigdemont, pueda ser investido desde Bruselas. Lo que sin duda es un abuso del mando a distancia.

No se sabe si hay refugios para todos, pero cada uno escoge el que puede, no el que quiere. El mío es el fútbol, a condición de practicarlo sentado y frente al estadio de la tele, y mi equipo favorito es el de la ciudad donde nací hace noventa años y un mes. El Málaga es una birria y ha conquistado, no sin esfuerzo, un honroso último puesto y eso me permite tener nostalgia del futuro que no veré. Envidio, aunque no sé envidiar, a los que presencien su regreso a Primera División. Estuve en la Rosaleda, por primera vez, a los doce años, o sea, en mi más dura infancia de ‘niño de la guerra’ y de la interminable posguerra. El Málaga se llamaba El Malacitano y el gol no se podía cantar en los graderíos porque en los Baños del Carmen no había gradas. Cuando el balón caía fuera del campo, un barquero lo devolvía chorreando Mediterráneo. No me parece que fuera ayer, sino hace mucho tiempo. «Pedrín, Chales, Juanele...». Ser viejo es quedarse sin testigos. A solas con la memoria.

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