Rendir cuentas

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Saltarse la ley se ha convertido en nuestro deporte olímpico. El combate de fondo está anunciado pero hay que esperar a Puigdemont, que es el empresario, le dé la voz de salida a los que juegan con ventaja. Han descubierto que el independentismo es exportable porque en todos los sitios hay descontentos, incluídos los que no van a contentarse nunca. El Gobierno de la Generalitat es el favorito en las apuestas. Creen que Oriol Junqueras le ganará a Cristóbal Montoro. De momento, se niega a remitirle la información semanal requerida por el Gobierno para impedir la financiación del referéndum del 1-O, que está al caer del árbol del tiempo. Lo que llaman, no sin exageración, «el Gobierno Central», tiene preparada la respuesta controlando el gasto público de los desidentes, pero son cerrarlas del grifo, no sea que lo utilicen como pistola aprovechandoo la oscuridad. Eso de no saber a qué atenerse, es siempre desosegante, pero el único que no engaña a nadie es Pablo Iglesias, que ha acusado al jefe del Estado de estar más cerca del PP que de los ciudadanos catalanes y además ha mostrado sus dotes de arúspice al prever «un mal futuro para la Monarquía».

Le estamos llamando normalidad a que todavía no haya explotado nada pero la mecha está encendida. Confiemos en que la explosión no les afecta a los bomberos, si no a los dinamiteros que siguen jugando con fuego, pero la infeliz pareja formada por Puigdemont y Junqueras han abierto la campaña del referéndum ilegal de la manera más fácil: legalizándolo. Los separatistas no se conforman con nada, pero se adaptan con facilidad a tenerlo todo. Dicen que el referéndum es imparable y quizá lleven razón porque el Gobierno no ha sabido pararlo. ¿Qué sería de los niños sin desobediencia?, se preguntó Cocteau. ¿Qué será de todos?, nos preguntamos. Nadie responde.

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