Reforma territorial y constitucional

La comisión para evaluar el modelo autonómico nace coja por las ausencias y con controversia entre los grandes partidos

Reforma territorial y constitucional
EFE
EL CORREO

La comisión creada en el Congreso para evaluar el funcionamiento del modelo territorial español y posibles cambios en su funcionamiento nació ayer lastrada por las ausencias. Unidos Podemos, el PNV, EH Bildu y los nacionalistas catalanes del PDeCAT y Esquerra Republicana han decidido no participar de momento en ella. Es decir, las fuerzas políticas más críticas con el sistema autonómico vigente y las que plantean con mayor énfasis su profunda reformulación han quedado al margen de los debates por propia voluntad. Un mal augurio de cara a la posible consecución de acuerdos transversales tan deseables como necesarios. El PP, los socialistas y Ciudadanos arrancaron los trabajos en solitario sin dejar pasar la ocasión de airear sus diferencias. El grupo fue una concesión arrancada por Pedro Sánchez a Mariano Rajoy a cambio del apoyo del PSOE a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña. El compromiso incluía que, cuando dentro de seis meses concluya su tarea, se pondrá en marcha una comisión destinada específicamente a estudiar una reforma de la Carta Magna; un anhelo de los socialistas que el Gobierno y el PP aceptaron entonces con escaso entusiasmo. Similar al que muestran ahora. Los populares echaron ayer un jarro de agua fría sobre las expectativas que había suscitado una eventual reforma de la Constitución que permita actualizarla en los aspectos en los que haya podido quedar desfasada tras 39 años de vida. El PP enfatizó que no tiene «la idea preconcebida» de modificarla y menos aún para «contentar» al independentismo catalán. La proximidad de las elecciones autonómicas del 21-D condiciona el mensaje de todos los partidos y no es el mejor escenario para tender puentes, flexibilizar posiciones ni escenificar acuerdos con quienes van a ser rivales en las urnas. Es evidente. También que carece de sentido cerrarse en banda a una eventual reforma constitucional, que para resultar exitosa debería concitar un consenso igual o superior al de 1978. Entre otras cuestiones, permitiría sondear fórmulas que afiancen un encaje sin rupturas en España de una Cataluña muy distinta a la que hace cuatro décadas votó ‘sí’ de forma abrumadora a la Carta Magna y que refuercen el autogobierno de Euskadi. El estreno de la comisión territorial solo invita al escepticismo. Pero no hay que perder la esperanza.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos