Recorreréis esa autopista

El accidente del lunes convierte la A-8 en una lenta tortura

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Ayer, poco antes de las tres de la tarde, se reabrió la A-8 a la altura del viaducto de Ontón. Veinticuatro horas antes, un camión había sufrido allí un accidente terrible. El camión, que circulaba en dirección Bilbao, perdió el control, colisionó contra un vehículo y, tras chocar contra los protectores del viaducto, terminó con la cabina colgando sobre el vacío y en llamas.

Los testigos vieron «una bola de fuego». Las fotografías lo confirman. Son aterradoras. El viaducto se convirtió en una sucursal del infierno para un transportista que no se sabe si saltó al vacío intentando huir de las llamas o si se precipitó junto a la cabina, que terminó cayendo. En cualquier caso, no tuvo escapatoria y murió. Hoy sabemos que tenía 56 años y vivía en Gijón. Estaba casado, tenía dos hijos, era un profesional querido y experimentado.

El lunes por la tarde sin embargo no se sabían tantas cosas y, como tantas otras veces, una corriente de tensión proveniente de la A-8 se extendió por Bizkaia. Era un día festivo, el final de puente para unos y el comienzo de las vacaciones de agosto para otros: miles de personas estaban de nuevo atrapadas en la autopista.

Los teléfonos funcionaron como una especie de jarro de agua fría. Los mensajes furiosos y sarcásticos que salían de la caravana no obtuvieron esta vez respuestas chistosas y fotos de santones meditando sino información, datos del accidente, quizá fotos de un camión ardiendo y a punto de utilizar un viaducto como trampolín.

No sería raro que el conocimiento de lo ocurrido sirviese para aminorar muchas impaciencias. Ver el lado bueno de las cosas es a veces entender que tú al menos sí vas a llegar a casa. Pero eso solo funciona al principio. Veinticuatro horas después de un accidente en el que se ha visto implicado un solo camión ya es más complicado entender que las retenciones alcancen, como ayer, los dieciséis kilómetros, confirmando que la A-8, además de una autopista, es una especie de maldición que cayó sobre nosotros.

Se trata, eso sí, de una maldición muy coherente. Si de ordinario va mal, ante lo extraordinario responde todavía peor.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos