la reconstrucción

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Hoy puede ser un gran día, como cantaría Serrat, para comprobar si la resistencia del Gobierno de la Generalitat, depuesto desde el pasado viernes, va en serio. Si su capacidad, cohesión y fortaleza empiezan a flaquear y se rinde a la evidencia de que las elecciones autonómicas convocadas por el Gobierno central son, en el fondo, un mal menor. O piensa adoptar una actitud numantina, forzando algunas escenas de despacho o, simplemente, la escenificación no pasará de ser simbólica ante la constatación de que, sin el equipo de Puigdemont, la administración catalana sigue funcionando. Lo cierto es que los socios más radicales que estuvieron presionando al expresident hasta el último minuto esperaban tanques tras las votaciones secretas a favor de la independencia en un Parlament medio vacío. Pero se encontraron con la rápida reacción del Estado, cesando al Gobierno y a los dos responsables de los Mossos, además de la convocatoria de elecciones. La decisión de Rajoy de abrir un proceso electoral con tan escaso margen de tiempo pilló a todo el mundo político por sorpresa. Desde su derecha, que no han cesado de criticar su tardanza en aplicar el artículo 155, ahora se muestran recelosos ante las inminentes elecciones el próximo 21 de diciembre. Pero fue, además de un golpe de efecto, una jugada hábil, al no prolongar la incertidumbre acortando el periodo de excepcionalidad. Con la aplicación del artículo constitucional de corta duración se asegura, además, el apoyo del PSOE, que, sin duda, lo va a necesitar en este período plagado de dificultades.

La reacción del mayor Trapero al conocer su cese, pidiendo lealtad y comprensión a los nuevos mandos de los ‘mossos’, ha facilitado el arranque de este paréntesis autonómico, en contraste con quienes pretenden seguir manteniendo la ficción. Con una república fantasma que nadie reconoce internacionalmente. Por mucho que se proclame (que ni siquiera se atrevieron a hacerlo literalmente) por mucho ruido que pueda hacer la Asamblea de Municipios por la Independencia, que ya tiene la orden del preso Jordi Sánchez, de la ANC, para constituirse en órgano de contrapoder al Parlament. ¿Habrá barahúnda? Veremos. En Cataluña hay dos mundos, hoy por hoy enfrentados, pero no existen dos poderes.

Los independentistas dudan. ¿Participación o no en las elecciones? Los dos partidos mayoritarios no pueden quedarse fuera del Parlament. Otra cosa será la suerte que quieran correr los antisistema de la CUP optando por boicotearlas siguiendo la estela de Batasuna en los primeros comicios autonómicos vascos. Pero la menguante Convergencia (PDeCAT) y Esquerra Republicana, después de la sistemática violación de la legalidad que han cometido y los engaños que han promovido, saben que ni pueden seguir equivocándose ni continuar haciendo el ridículo. La convocatoria pone a prueba esta coalición, a la que se le rompió la estelada de tanto usarla. Sus socios ahora se miran de reojo. Pero Junqueras ya ha dejado una pista. No ve otra opción que seguir acumulando fuerzas «sin renunciar nunca a las urnas para validar la República y preparando al mismo tiempo (ojo al dato) unos futuros comicios».

Mientras los secesionistas dan vueltas a su noria pensando en Podemos como posible aliado en sustitución de la CUP, los constitucionalistas salieron por segunda vez en un mes a la calle, convocados por Societat Civil Catalana. Con el PP, socialistas y Ciudadanos contra Puigdemont. Cientos de miles aliviados por el horizonte electoral y motivados por un Josep Borrell activado y crecido que les instaba a no quedarse en casa a la hora de votar. Y con el comunista Paco Frutos recriminando a la izquierda que no se implicara en esta causa. Pero los catalanes silenciados no solo han perdido el miedo sino la indiferencia. La manifestación de ayer fue su primer acto electoral. Ha sido tal el atropello vivido que escuchar a la catedrática Teresa Freixes enumerar su lista de desagravios (basta de instituciones secuestradas, que se cumplan las sentencias judiciales, que los niños puedan estudiar en su lengua materna...) les sonaba a la guía de la restitución de la normalidad democrática. No será fácil. El odio sembrado durante tantos años no se puede borrar en cincuenta días. Pero los ciudadanos catalanes necesitan recuperar la normalidad. La legalidad. El sosiego.

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