El pnv se recoloca

Los jeltzales contemplan volver a pactar con Rajoy solo si el 1-O se salva sin inhabilitaciones ni medidas traumáticas

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La multitudinaria Diada soberanista del lunes ha servido al PNV para, al menos, dos cosas. Una de orden instrumental. Otra de estrategia política a corto plazo.

El presidente del EBB, Andoni Ortuzar, y su ‘mano derecha’, Joseba Aurrekoetxea, comprobaron con más claridad que nunca en Barcelona que el ‘procés’ se encuentra, al menos hasta el 1 de octubre, mucho más en manos de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) que de los dos principales partidos nacionalistas. Un PDeCAT (la antigua Convergencia) bajo mínimos. Y una Esquerra que aunque solo habla de independencia sueña ya con las semanas que faltan para que uno de los suyos vuelva a ocupar la presidencia de la Generalitat, lo que no sucede desde los tiempos de la Segunda República, tras las eleccionse autonómicas que seguro seguirán al ‘procés’.

Hace ya algunos años que la ANC, un organismo popular formalmente ajeno a los partidos, desbordó a las formaciones tradicionales y comenzó a tener una creciente influencia en las grandes decisiones políticas. Sabin Etxea lo percibió y tal vez ello ha podido influir en el tibio apoyo oficial jeltzale que ha tenido Gure Esku Dago, la ANC vasca, aunque la presencia en sus actos de alderdikides sea notable.

Pero, sobre todo, el partido de Ortuzar ha aprovechado la Diada para recolocarse ligeramente. Para fijar con mayor claridad su postura sobre Cataluña y en la escena nacional.

Lo ha hecho como réplica a las permanentes presiones de la izquierda abertzale para abrir desde Euskadi un segundo frente al Estado. Pero también para responder a su parte de su gente, en su mayoría, aunque no en su totalidad, volcados sentimentalmente con el órdago secesionista catalán, por más que la distancia ayude a percibir que aquel va a ser no sé si un viaje a ninguna parte, pero no a la tierra prometida.

¿Y eso cómo se traduce? Pues que los jeltzales siguen contemplando mantener la colaboración con Rajoy, apoyarle los Presupuestos para 2018 a cambio de otro jugoso botín. Pero solo si el 1-O se salva sin inhabilitaciones ni medidas especialmente traumáticas. Entre esas medidas especialmente traumáticas el PNV incluye tanto la aplicación del ya famoso artículo 155 de la Constitución, de lo que el Gobierno está hablando con el PSOE y con Ciudadanos, como la Ley de Defensa Nacional. Las dos.

En otras palabras. Que lo que le gustaría al partido de Ortuzar, lo que le pide su alma abertzale, es que el 1-O Cataluña pudiera votar y decidir. Pero que, como mal menor, a lo que aspira es a que se llegue al día 2, al día después, en unas condiciones que sus bases encuentren tolerable volver a pactar con Rajoy a cambio de un buen paquete de contrapartidas. Eso implica, por ejemplo, que se retiren algunas urnas, pero que también se pueda votar en algún colegio. Y, sobre todo, que no se produzcan enfrentamientos graves.

La actitud que adopten los Mossos puede ser, es probable que sea, determinante. Lógica, pues, la citación de ayer de la Fiscalía al mayor del Cuerpo para recordarle la legalidad, que es una y no trina mal que le pese al separatismo. Y le pesa.

Al PNV no le apremia la caída del Gobierno Rajoy. Al contrario. Unas nuevas elecciones generales con una alta influencia de lo que suceda en Cataluña el 1-O podrían deparar un escenario menos positivo para sus intereses que el actual.

Amén de que el EBB aún no las tiene todas consigo, ni mucho menos, sobre el alcance de la reforma del modelo de Estado que planteará el nuevo PSOE de Pedro Sánchez.

Fotos

Vídeos