la otra rebaja

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

La previsión de crecimiento ha sufrido una merma o, como se dice en los partes de guerra, un avance hacia la retaguardia. Son ya 540 las empresas catalanas que han huido de su tierra y de su mar. El ministro de Economía, Luis de Guindos, que tiene el cargo más difícil del ministerio, cree que todo es consecuencia de la crisis política de Cataluña. Ya no es cierto eso que decía San Ignacio de Loyola de que en tiempos de aflicción no hay que hacer mudanza y todos buscan nueva sede, incluso las empresas medianas y pequeñas.

La incertidumbre, según Lagarde, es lo que lastra el crecimiento, pero según otros el único culpable es Puigdemont, que cree que es posible un trocito de España contra España entera, incluidos los catalanes que no quieran dejar de ser españoles. Tampoco a Juncker le gustaría el desguace que podría conducir a una Europa de 90 países, por eso del efecto dominó. Lo grave es que están jugando al ajedrez en un tablero inapropiado y no se aprueban los presupuestos para adquirir otro.

Rectificar, según se dice, es de sabios, pero más sabios y menos tontos son los que no tienen que hacerlo. A rectificar ha invitado al Gobierno al insensato don Carles, que tendrá «su mejor oportunidad» para volver a lo que llaman la senda de la ley, que se transita peor si la bolsa no suena. Para que la sangría no continúe es necesario que este señor desvíe el flequillo y contemple el panorama. España sin Cataluña sería más pobre y sin duda menos culta, pero Cataluña sin España no sería casi nada. Incluso menos. El president tiene que elegir y tiene tiempo hasta las diez del lunes para decir que no declaró la independencia y que fue un malentendido. Le suele pasar a los que no quieren entenderse.

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