Cataluña plural

La multitudinaria manifestación de ayer confirma el pluralismo de una sociedad catalana que no puede reducirse al independentismo

La multitudinaria manifestación que ayer discurrió por calles céntricas de Barcelona, organizada por el colectivo Sociedad Civil Catalana, demostró que aquella comunidad no puede reducirse al independentismo, ni siquiera empleando el embudo victimista que la Generalitat y las organizaciones promotoras de la secesión vienen utilizando desde 2012. La tenaz pluralidad de los ciudadanos catalanes se ha mantenido en este tiempo, tanto en las convocatorias electorales como en los sondeos de opinión. A pesar de que el factor corrector de la normativa autonómica volviera a dar mayoría parlamentaria a las opciones independentistas, el apoyo directo a la ruptura no llega a la mitad de los votantes. Sin embargo, el secesionismo ha jugado siempre con la convicción de que su capacidad de movilización y el poder de la Generalitat podían ser suficientes para acallar la contestación social frente a su deriva. Lo característico de la marcha de ayer es que ni el llamamiento a participar en ella ni los mensajes que se transmitieron durante la misma y a su término presentaban ambigüedad alguna: fue una manifestación por la unidad de España. En su intervención Josep Borrell se lamentó de que las compañías de origen catalán que ahora están decidiendo trasladar sus sedes a otros lugares de España no lo hubieran advertido antes. Lo cierto es que la confiada esperanza en que al final la vertiente institucional del independentismo corregiría el rumbo y se atendría a la legalidad constitucional no solo ha pesado en el ánimo del mundo empresarial; ha conducido a la parte de la sociedad catalana que recela o que directamente abomina de los propósitos independentistas a mantener una actitud paciente e incluso pasiva frente al desafío de la república propia. Ha sido la constatación de que el independentismo no lleva freno en su estrategia de desbordar la Ley, con el anuncio entre firme y velado de la DUI, lo que ha hecho reaccionar a la Cataluña disconforme con el secesionismo y temerosa de que sus planes continúen adelante. La Generalitat independentista podía aspirar al mantenimiento de una espiral creciente entre la ilegalidad de sus actos y las medidas políticas y judiciales adoptadas para contener el secesionismo; de modo que éstas últimas pudieran presentarse como acicate moral para subir otro peldaño más en la insensatez. Pero la manifestación de ayer no puede servirle al independentismo para agitar aún más a sus bases militantes, porque recuerda que la llamada ‘mayoría silenciosa’, esa que se retrae hasta en las encuestas, constituye junto a la Ley una barrera infranqueable para el rupturismo.

Parar la caída al abismo

No es el momento de discutir o de especular en torno a soluciones o salidas definitivas que aseguren el encaje de Cataluña en la España constitucional, aunque siempre es bueno que se expongan con la mayor claridad y mesura posibles. Lo urgente es parar la caída al abismo, hacia el que el independentismo gobernante intenta arrastrar al conjunto de la sociedad catalana y también al resto de los españoles, convertidos en meros testigos de un drama que les afecta muy directamente, tanto en sus convicciones como en su economía. Bastaría solo con que el secesionismo institucional admitiera hoy el sinsentido de una declaración unilateral de independencia para proceder mañana a su regreso a los cauces de la Constitución y del Estatut. La sola noticia de que se evita lo peor contribuiría sobremanera a que germinen las bases de un nuevo entendimiento.

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