Rancio machismo

Las defensas de los acusados por violación en los sanfermines esgrimen argumentos intolerables para desacreditar a la víctima

Los cinco acusados por violación./
Los cinco acusados por violación.
EL CORREO

El juicio por la presunta violación a una joven en los sanfermines del pasado año por parte de cinco hombres que se hacen llamar ‘la Manada’ ha revivido la comprensible repugnancia e indignación popular que desataron los hechos. Una reacción tan lógica como la repulsa que han merecido algunos de los argumentos esgrimidos por las defensas de los acusados ante el tribunal. Intentar desacreditar o humillar a la víctima de una agresión sexual tan brutal como la denunciada con retazos aislados de su vida privada es una línea roja que no se debe traspasar. Resulta inadmisible construir un alegato exculpatorio, o que persigue atenuar la gravedad de los hechos que se juzgan, con los movimientos de la joven en los días previos y posteriores a la agresión -investigados por detectives privados- o comentarios difundidos en las redes sociales. Como si los comportamientos de la víctima, fuesen cuales fuesen, pudieran justificar una agresión. Esa actitud nos retrotrae a los tiempos en los que el machismo más vomitivo se manifestaba con un implícito ‘ella se lo ha buscado’ tras un ataque sexual. ‘Se lo ha buscado’, se entendía, por vestir como lo hace, por haber sonreído o por su forma de desenvolverse en la vida en el pleno ejercicio de su libertad. Y, cuando no, se alegaba que no se había resistido, lo que intentaba presentarse como una aceptación implícita, aunque estuviese muy lejos de serlo. Los vídeos que grabaron los acusados -una de las principales pruebas de cargo contra ellos- fueron visionados ayer en la Audiencia de Pamplona. Policías forales confirmaron que las grabaciones demuestran que la chica sufrió una violación grupal y que no opuso resistencia por la superioridad numérica y física de los procesados, lo que le hizo entrar en shock. Los letrados de los encausados proclamaron, por contra, que las relaciones sexuales fueron consentidas. Las defensas tienen todo el derecho a cuestionar los testimonios y las pruebas que se esgriman. Pero no pueden confundir la presunción de inocencia que el Estado de Derecho garantiza a sus clientes con la pretendida creación de un mundo al revés. Parece increíble que, a estas alturas, haya que recordar que a quienes se juzga es a sus patrocinados; en concreto, si incurrieron o no en graves delitos y, en su caso, qué penas les corresponden. En modo alguno se juzga a una joven que ha denunciado ser víctima de una violación. ¡Faltaría más!

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