Rajoy reconoce a Rivera

Los buenos resultados de Ciudadanos en Cataluña y el revés electoral del PP obligan a los populares a replantear su estrategia

Rajoy reconoce a Rivera
EL CORREO

El presidente Rajoy mantuvo ayer una larga entrevista con Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, para hablar de Cataluña y otras cuestiones en un gesto que parece representar el reconocimiento formal por el líder del partido conservador de un nuevo actor de peso en la política española y en las cercanías de su propio espacio político. Si antaño el Partido Popular pudo ver a Ciudadanos como una formación política bisagra de menor entidad, los resultados cosechados por los dos en Cataluña obligan a un replanteamiento total de la perspectiva: Ciudadanos ha logrado 36 escaños, por 4 el PP. Los populares tratan de atribuir su pésimo resultado catalán, que les relega al grupo mixto, al llamamiento al voto útil que realizó Ciudadanos. El efecto, sin duda, existió, pero no explica una diferencia tan abismal, sino que más bien sugiere que la formación de Rivera se ganó con su discurso y con su ejecutoria la confianza de muchos electores constitucionalistas. Mientras, el PP, muy desgastado por la corrupción y también responsable por omisión y pasividad de la crispación catalana, no acertó ni con el mensaje ni con el candidato. La casi desaparición del partido de Rajoy en Cataluña le obliga a replantear toda su estrategia, porque Ciudadanos, que eliminó recientemente de su ideario la etiqueta socialdemócrata para dejar tan solo la liberal, tiene argumentos para aspirar a representar algo más que el compañero de viaje del PP, que ha sido hasta la fecha con el PSOE uno de los dos grandes pilares del sistema. A partir de ahora, los populares, con 137 escaños en el Congreso de los Diputados (por 32 de C’s), deberán pactar de forma más equilibrada con su socio natural los asuntos de calado. De hecho, ayer ya acordaron negociar cuanto antes las cuentas públicas para 2018 y el nuevo modelo de financiación autonómica, que puede ser una herramienta para avanzar en la necesaria normalización de Cataluña. A más largo plazo, tras el revés catalán, el PP está obligado a practicar una catarsis seguida de una renovación interna. El proverbial inmovilismo de su presidente, que ha sido útil en algunas coyunturas, no favorece ahora la recuperación del pulso del partido, algo ineludible si realmente quiere seguir siendo el representante genuino del centro-derecha conservador.

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