RADAR TRANQUILIZANTE

El Ayuntamiento quiere ralentizar el tráfico en Alameda Recalde

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Lo confieso: al enterarme de que el Ayuntamiento afrontaba la «tranquilización» de Alameda Recalde, imaginé a un montón de técnicos municipales llegando a esa calle como llegan los futbolistas ejemplares a la tangana que estalla en un rincón del campo. A todo correr, quiero decir. Propulsados por el deber moral y por el afán de protagonismo. Una vez en Alameda Recalde, en mi imaginación los técnicos municipales procedían a tranquilizar la zona, separando a gente que estaba a punto de atizarse, pidiendo calma, respeto, cabeza, imponiendo su autoridad y estableciendo turnos para hablar, abrazando a los individuos más exaltados y llevándoselos más allá para decirles que ya está, ya está, respira, ¿lo ves?, no pasa nada.

A mí todo esto me pareció bien. Incluso fantaseé con ir un día por Alameda Recalde y soltar un improperio. Estando en marcha el plan de tranquilización, no tardaría en aparecer alguien del Ayuntamiento para cogerme del brazo e invitarme a un café: «No, hombre, por Dios, vamos a hablarlo». Lo que me parecía peor era que el Ayuntamiento me sosegase a mí en Alameda Recalde y no hiciese nada con el vecino que perdiese los nervios en Avenida Zumalacárregui.

Sin embargo, me equivocaba. Lo entendí ayer, cuando Alfonso Gil y Ricardo Barkala presentaron con calma el proyecto de Alameda Recalde y repitieron un millón de veces las palabras ‘tráfico’, ‘coche’ y ‘velocidad’. Modestia aparte, no soy la clase de individuo al que le pasan desapercibidos los detalles. Lo que quiere tranquilizar el Ayuntamiento son los coches que entran como balas desde el Puente de la Salve, en parte por la inercia de la autopista y en parte porque igual confunden los sucesivos semáforos en verde de Alameda Recalde con los de un circuito urbano en el que arañar cada segundo.

No es una broma: se han detectado coches entrando en Abando al triple de la velocidad permitida. El peligro es evidente y, entre las medidas que el Ayuntamiento pondrá en marcha el mes que viene, destacan los primeros radares que funcionarán en el centro de la ciudad. La posibilidad de que un coche pierda el control en la entrada de una zona populosa y transitada en la que hay por ejemplo terrazas muy pegadas a la calzada matiza de pronto la mala reputación de los radares.

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