Punto de partida

El comportamiento del empleo en 2017 obliga a afrontar 2018 con el objetivo de mejorar la calidad de los contratos laborales

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EL CORREO

La creación de empleo en España afronta el nuevo año con la buena noticia de que 2017 ha sido el mejor ejercicio desde 2005, y el mejor de toda la serie histórica: 611.146 nuevos afiliados a la Seguridad Social, que suman 18.460.201 en total. De forma paralela, el paro descendió en 290.193 personas (8.626 en Euskadi) -su mejor comportamiento desde hace 8 años- hasta situar la cifra final de desempleados en 3.412.781. Ambos datos transmiten una sensación positiva respecto a los efectos sociales de la recuperación. Aunque, al mismo tiempo, advierten de los límites que presenta el crecimiento en cuanto a la calidad del empleo que genera y a la cronificación de una tasa de paro muy superior a todos los países del entorno, excepto Grecia. Los 611.146 nuevos afiliados a la Seguridad Social son el resultado de la firma de 21,5 millones de contratos de trabajo, nada menos. Para sumar un nuevo afiliado al balance último del año ha hecho falta suscribir una media de 35 contratos a lo largo del ejercicio. El peso de la temporalidad es tan abrumador que obliga a pensar en que se trata de uno de los rasgos que caracterizan a la economía española en su conjunto. Como si la precariedad en el empleo fuese la condición básica de la flexibilidad que la recuperación exige de las relaciones laborales en el país. Tan pernicioso puede resultar obviar tal realidad, bajo la buena noticia de que 2017 ha sido el mejor año en creación de nuevos puestos de trabajo, como abonar la creencia de que el empleo deberá asumir la temporalidad como sinónimo. El crecimiento, los nuevos puestos de trabajo y la productividad forman parte de una misma ecuación. Pero ni sus incógnitas pueden despejarse a base de voluntarismo, ni deben afrontarse desde el fatalismo. Si nos atenemos a las cifras de paro, la reducción experimentada en 2017 significa que España necesitaría prácticamente una década de evolución sostenida para alcanzar la media europea, en tanto que continúa diez puntos por encima de la tasa de la Unión. Ninguna instancia pública o privada puede garantizar que eso sea así, comenzando por 2018. Pero es imprescindible que la autosatisfacción no oculte una realidad tan problemática, sobre todo por la falta de expectativas de tantos jóvenes y por las enormes dificultades que encuentran los parados de mayor edad para dignificarse en el trabajo. El panorama que Cataluña ha ofrecido en el último trimestre de 2017 en cuanto a empleo y paro da buena cuenta de que ambas variables están sujetas a imponderables.

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