Puigdemont, santo y seña

El desafío independentista continúa forzando los límites de la Ley, obligando a los poderes del Estado a aventurarse más allá de la jurisprudencia

Puigdemont, santo y seña
EL CORREO

El Tribunal Constitucional decidió ayer adelantarse a los propósitos de Carles Puigdemont de verse investido como presidente de la Generalitat, una vez que el diario oficial de la Cámara catalana lo presentara como candidato único. La resolución del Alto Tribunal obligaría a Puigdemont a personarse en el Parlamento autonómico, como condición para validar su investidura. Ello excluye cualquier otra fórmula con la que hayan especulado el candidato y el independentismo. Como una comparecencia a distancia, o una defensa por electo interpuesto de su programa de gobierno. El procedimiento judicial contra Puigdemont, actualmente en manos del juez Llarena del Tribunal Supremo, discurre en paralelo a la agenda institucional que exige la pronta designación de un presidente para la Generalitat. La resolución del Tribunal Constitucional deja en el aire los efectos finales de tan inédita concurrencia en el Estado de Derecho. Porque insta a Puigdemont a hacerse presente en la Cámara catalana si quiere ser investido, sin por ello asegurarle la libre movilidad en territorio español cuando está reclamado nada menos que por el Tribunal Supremo. La situación demuestra hasta qué punto el desafío independentista fuerza al límite los márgenes de la Ley y obliga a los poderes del Estado a aventurarse más allá de la jurisprudencia. Jurídicamente, Carles Puigdemont no está inhabilitado para ser propuesto como presidente de la autonomía catalana, y tampoco para ser designado como tal. La orden judicial que reclama su presencia ante el Supremo no alcanza para dejarle fuera de juego, de antemano, en el trámite de investidura. Pero podría impedirle, de facto, acudir a la sesión presencial que reclama el Tribunal Constitucional. El enredo amenaza con volverse absurdo e infinito. A no ser que la mayoría independentista en el Parlamento surgido del 21-D se avenga a sortear dificultades judiciales para hacerse valer como opción inmediata de gobierno. Pero todo indica que, entre el dictamen del Consejo de Estado, contrario a la ‘impugnación preventiva’ del candidato único, y la alambicada resolución del Tribunal Constitucional, la candidatura de Puigdemont cobrará más fuerza en el seno del independentismo. Más allá de la discusión jurídica sobre cuándo puede impugnarse la candidatura del autoexiliado, o a tenor de qué condiciones, Puigdemont se erige como el santo y seña indiscutible del independentismo catalán.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos