Puigdemont tiene la palabra

Las fuerzas constitucionalistas escenifican su unidad de acción ante la crisis catalana entre intentos de rebajar la tensión

El desafío independentista encabezado por Puigdemont sobrevoló ayer los tradicionales actos del 12 de octubre. La asistencia de público al desfile militar en Madrid y la movilización celebrada en Barcelona fue muy superior a la de otros años, un síntoma inequívoco de la profunda preocupación social que ha despertado la amenaza de ruptura entre Cataluña y España. Una inquietud que no ocultó Felipe VI en los corrillos de la recepción oficial en el Palacio Real. El 12-O permitió visualizar la unidad de acción de los partidos constitucionalistas ante el mayor reto al que se enfrenta la democracia española desde la Transición. La muerte de un capitán que participó en el desfile al estrellarse el avión que pilotaba de regreso a su base en Albacete puso el punto trágico a la jornada. Mientras tanto, sigue su curso la cuenta atrás para que el presidente de la Generalitat responda al requerimiento de Mariano Rajoy y aclare, antes del lunes, si declaró o no la independencia en el pleno del Parlament del pasado martes. «No lo ha hecho todavía», según defendió el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, en unas manifestaciones que contrastan con la que ha sido hasta ahora la postura oficial del Gobierno. En la misma línea se pronunció el diputado del PDeCAT Jordi Xuclá. Las palabras de ambos evidencian un palpable deseo de rebajar la tensión y de poner un toque de optimismo al negro horizonte dibujado en los últimos meses. Pero deberá ser el propio Puigdemont quien explique, sin lugar a equívocos, si regresa a la senda de la legalidad. En caso contrario, si persiste en una apuesta suicida que tan profunda fractura ha causado en la sociedad catalana, la aplicación del artículo 155 de la Constitución parece inevitable. Un escenario inédito que nadie sabe a ciencia cierta a dónde puede conducir y que tanto el Gobierno como el PSOE –unidos, esta vez sí, en una cuestión de Estado– intentan manejar con la máxima cautela. Pedro Sánchez defendió ayer que, si al final el Ejecutivo se ve obligado a recurrir a esa fórmula, solo lo haga para «recuperar y reconstruir el autogobierno» mediante la convocatoria de unas elecciones autonómicas en Cataluña. El Gobierno, cuya posición se ve fortalecida por el apoyo del PSOE y Ciudadanos, también parece apostar por una intervención mínima, llegado el caso. La incógnita estriba ahora en saber si Puigdemont actuará con criterios racionales o se despeñará de nuevo en el pozo de la sinrazón.

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