La prueba del nueve

El acuerdo o desacuerdo para el traspaso al País Vasco de la gestión del régimen económico de la Seguridad Social#desvelará en otoño la hondura de los pactos entre el PP y el PNV, entre los gobiernos de Madrid y Vitoria

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Hoy es fácil saber si hemos hecho bien una operación matemática: cogemos la calculadora y tenemos la respuesta. Hasta los años 70 no era tan sencillo. Sólo podíamos obtener la confirmación con lo que se conocía como ‘la prueba del nueve’, un artificio matemático que apenas recordamos incluso quienes ya peinamos canas, con el que podíamos verificar razonablemente una cuenta.

Casi cuatro décadas de vigencia del Estatuto de Gernika no han sido tiempo suficiente para completar su ejecución. Faltan un buen número de traspasos al País Vasco; relativamente menores, pero unos cuantos. No sé si el más importante de ellos es el de la gestión del régimen económico de la Seguridad Social, pero el más emblemático, el más popular, sin duda.

Si en algún momento pudo sufrir un cambio profundo el modelo vasco de partidos fue entre finales de 1986 y comienzos de 1987, como consecuencia de la ruptura del PNV. La formación jeltzale se escindió en septiembre y de ella surgió Eusko Alkartasuna. El 30 de noviembre se celebraron elecciones autonómicas. El PNV consiguió imponerse otra vez en votos, pero sólo pudo ser segundo en escaños y quedó muy lejos de la mayoría de que disfrutaba.

La oposición se apresuró a intentar formar gobierno para apear del poder al PNV. El PSE, segundo en votos y primero en escaños; EA, cuarto, y la extinta Euskadiko Ezkera, de Juan María Bandrés, quinta, abrieron negociaciones. Los socialistas no tuvieran duda: para desgastar un poco más al partido de Xabier Arzalluz lo mejor sería que Carlos Garaikoetxea repitiera como lehendakari.

Cómo habría trastocado un gabinete progresista PSE-EA-EE el futuro de Euskadi y el mapa de partidos es una incógnita que nadie podrá desentrañar jamás. Como si el PNV hubiera sido capaz de conservar la primacía en el campo abertzale o si la hubiera perdido en favor de EA o incluso de HB. Simplemente porque aquel gobierno nunca llegó a existir.

Garaikoetxea condicionó su ‘sí’ al traspaso a Euskadi de la gestión del régimen económico de la Seguridad Social. Felipe González dijo ‘no’ si no se respetaba la caja única. Y no hubo tripartito. En su lugar, peneuvistas y socialistas iniciaron el largo ciclo de la cohabitación entre ambos, que retomaron hace unos meses.

En las tres décadas siguientes en ningún momento se ha visto cerca de Euskadi este traspaso. Ni siquiera cuando José Luis Rodríguez Zapatero era presidente y Patxi López, lehendakari.

«Alguna esperanza»

Ahora regresa de nuevo al primer plano de la actualidad. Lo hace porque el Gobierno vasco de Iñigo Urkullu ha colocado esta transferencia, junto a la de prisiones, a la cabeza de sus exigencias al Gabinete de Mariano Rajoy para que complete de una vez el Estatuto el próximo otoño-invierno, si quiere que el PNV siga colaborando con los populares y no corra peligro su continuidad en La Moncloa. Será algo así como la prueba del nueve del entendimiento entre ambos. El generalmente frío Urkullu ha confesado tener «alguna esperanza» de que esta vez sí se materialicen los traspasos pendientes.

Pero la pregunta no es ya sólo si llegará el traspaso, sino qué traspaso. Euskadi podría hacerse cargo del personal que trabaja para la SS en el País Vasco. También de la afiliación, de las altas y bajas. Hasta de abonar salarios y pensiones. Lo que PP y PSOE han dejado claro es que no permitirán que el Gobierno de Vitoria fije a los pensionistas vascos prestaciones distintas, más altas o más bajas, que a los del resto de España.

Si queda suficiente margen para completar el traspaso lo veremos. En su último congreso en Pamplona, el partido de Andoni Ortuzar apostó a futuro por un sistema propio mixto de Seguridad Social para Euskadi y Navarra, que el PSE de Idoia Mendia rechaza de plano. Pero en ese mismo acuerdo se apuesta por una estrategia gradualista, cuyo primer paso sería hacerse con la gestión del régimen económico. ¿Sin romper la caja?

Un eventual acuerdo pondría en manos del PNV y de Urkullu una nada desdeñable baza: la de haber logrado completar el Estatuto, por más que lo hayan denostado muchas y de variadas maneras. Al precio, eso sí, de dar estabilidad al Gabinete Rajoy.

Para los populares también podría ser un buen acuerdo. Muy vendible en Cataluña. La prueba de que el pacto, el gradualismo, dan sus réditos, mientras que la ruptura y la radicalidad, no.

El desenlace de la negociación estatutaria coincidirá con el arranque de la del nuevo estatus en el Parlamento de Vitoria. Unos contactos marcados por un movimiento de última hora. Los jeltzales siempre habían sugerido que un pacto de mínimos en Euskadi debiera incluir a PNV y PSE para luego tener opciones de prosperar en Madrid. Pues bien, la presidenta del BBB, Itxaso Atutxa, afirmó hace unos días que ese compromiso sería igual de transversal si en lugar del PSE (o del PP) estuviera Podemos, aunque rebajaría las opciones de prosperar en el Congreso.

Sólo el tiempo nos dirá el porqué del giro. Si es una invitación al PSE a moverse o si Sabin Etxea empieza a ver improbable acordar con el PSE. Incluso si es una estrategia para ir a elecciones, ganar tiempo y reenfocar la estrategia.

Veremos. De momento el que toca es el Estatuto de Gernika.

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