Contra su propio tejado

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Para el presidente de la Generalitat ya era jueves desde el lunes. Desde que Mariano Rajoy le dio dos plazos ofreciéndole la oportunidad de volver al punto de partida de su alocada carrera, Puigdemont no quiere dar un paso atrás ni para coger impulso. A no ser que, en el último momento, termine por admitir, como le aconsejaban ayer algunos dirigentes de su partido, que convoque elecciones para desactivar la aplicación del artículo 155 de la Constitución, cuyo desarrollo Rajoy ha pactado ya con Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Pero sus contrapesos son muy poderosos. Forzado por su propio guión, y empujado por los antisistema de la CUP que le sostienen en el Gobierno y por las asociaciones agitadoras en la calle y subvencionadas oficialmente, como la ANC y Òmnium Cultural, se encuentra más cómodo retando al Gobierno central a dialogar sobre sus condiciones para la separación de Cataluña y quejándose, eso sí y mucho, del Estado represor, a ver si la comunidad internacional termina por hacerle caso.

La Generalitat con sus socios, la mitad del Parlament y la alcaldesa de Barcelona se van alejando de la senda de la legalidad, desoyendo las reclamaciones insistentes que les vienen haciendo desde tantos sectores políticos, empresariales y sociales. Da la impresión de que ya no atienden a razones. Su reacción ante la avalancha de empresas que se fugan de Cataluña temerosas por la inseguridad jurídica no puede ser más suicida. Enrocados. Quitando importancia, aparentemente, al fenómeno tan dramático de la fuga de las primeras 700 empresas. Mientras el que fuera conseller de Empresa con Artur Mas, el economista Francesc Xavier Mena, hace sonar la alarma advirtiendo de que el ‘procés’ ha destruido en dos años el trabajo de generaciones, ellos se entretienen en desviar responsabilidades. Esta vez el portavoz Turull no se ha atrevido a insultar a los emprendedores que trasladan sus sedes fuera de la comunidad catalana, como hizo con los ciudadanos que no quisieron ir a votar en la farsa del referéndum ilegal del 1 de octubre. Pero se permite decir que es Rajoy quien acosa a las empresas para que se vayan de Cataluña. ¿En qué cabeza cabe pensar que al Gobierno central le interesa descapitalizar a una comunidad que supone el 19% del PIB español?

En la Cataluña de Junqueras «habrá impuestos pero no habrá sociedades», sentencia Albert Rivera, que contrarresta con ejemplos tan gráficos la distorsión de la realidad que promocionan las instituciones catalanas. Es cierto que Cataluña está quedando hecha un erial. Pero sobre ese terreno infecundo generado por la fuga de empresas está quedando un poso de odio, que nos recuerda en muchas de sus manifestaciones al que padecimos en Euskadi cuando los fundamentalistas de ETA mataban, y que costará generaciones erradicar. Las redes sociales escupen tanta bilis que la manipulación de imágenes y el retorcimiento del relato de los acontecimientos se venden al mejor postor ; al ingenuamente desinformado y a quien busca excusas para justificar la confrontación social. Ni la jueza que ha enviado a prisión a los dos líderes de las revueltas secesionistas en Cataluña se ha librado de ser víctima de los infundios. De Carmen Lamela se ha llegado a decir que se trataba de la magistrada apartada de la causa de ‘Gürtel’, por afinidad al PP. Falso. La jueza recusada, en aquella ocasión, no fue Lamela, sino Concha Espejel. Y todo en este plan. Costará recuperarse de tanta destrucción.

Fotos

Vídeos