Más presencia en Europa

El acceso de De Guindos a la vicepresidencia del BCE devuelve a España a la cúpula de la UE

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EL CORREO

La decisión del Eurogrupo de proponer a Luis de Guindos como vicepresidente del BCE corrige una anomalía: la cuarta potencia del euro lleva seis años fuera de la cúpula de la UE, de la que fue expulsada tras el rescate al sector financiero en plena recesión. El nombramiento del ministro de Economía como ‘número dos’ del todopoderoso Mario Draghi, que será formalizado en la cumbre europea de marzo, permitirá a España recuperar peso en las instituciones de la Unión, en las que su irrelevante presencia tiene difícil justificación más allá de una deficiente acción diplomática. La candidatura supone un reconocimiento a la gestión de De Guindos y a la profunda transformación de la economía española, que ha pasado de ser el problema de Europa a un ejemplo a seguir con un crecimiento que para sí quisieran los grandes del continente. Tan absurdo como negarle al ministro su mérito en ese proceso sería atribuirle en exclusiva tal resurgimiento, al que han contribuido de forma destacada las medidas de choque implantadas por el BCE y los sacrificios que se ha visto obligada a realizar la sociedad española para salir del agujero de la crisis. En la elección ha sido determinante su prestigio entre las principales potencias de la UE, con Alemania y Francia a la cabeza, y la extendida convicción en Europa de que existía una deuda pendiente con España tras el frustrado asalto del propio De Guindos a la presidencia del Eurogrupo en 2015. Todo ello ha acabado por consolidar una sólida mayoría en torno al candidato y por forzar la renuncia de su único rival: el irlandés Philip Lane. No deja de ser curioso que ese consenso haya sido superior entre los ministros de la Eurozona que en España, donde el PSOE y Podemos rechazaban su nombramiento, una postura que incluso han trasladado al Parlamento europeo. Sería deseable que Rajoy aprovechara la ineludible sustitución de su ministro para proceder a una amplia renovación del Gobierno e insuflarle el oxígeno del que carece para encarar retos como la crisis catalana y las grandes reformas pendientes.

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