La pobreza se cronifica en Bilbao

La avalancha de usuarios de los comedores sociales y el aumento de los ‘sin techo’ son la otra cara de la bonanza económica

La pobreza se cronifica en Bilbao
EL CORREO

Euskadi atraviesa una etapa de sólido crecimiento económico. Un periodo de bonanza que avalan todos los indicadores: desde la fuerte expansión de PIB hasta la sostenida mejora del empleo. Esa realidad tan esperanzadora tiene una cara oculta menos amable que refleja problemas de fondo sin resolver y que debería invitar a la reflexión a las instituciones y a todos los agentes sociales. La fuerte expansión de la actividad y el empuje del consumo contrastan con indicios de una preocupante cronificación de la pobreza y, en algunos casos, de su extensión a nuevas bolsas de población. Una situación que ha puesto al límite los servicios sociales de Bilbao. La avalancha de personas que acude a las cocinas sociales de la capital vizcaína ha obligado a reducir de tres a dos las comidas (desayuno, almuerzo y cena) que se ofrecen a sus nuevos usuarios desde el pasado verano. Además, los ciudadanos que duermen en la calle se han duplicado con creces desde principios de año. Con los albergues casi repletos, más de 200 ciudadanos pasaron a la intemperie la noche del miércoles, en plena ola de frío, frente a los 90 que se registraron en enero. La extensa red de protección social existente en Bilbao y en Bizkaia para atender las necesidades básicas de los más desfavorecidos, que es un motivo de orgullo, se ha revelado insuficiente en los últimos meses. Es posible que el ‘pico’ en la demanda que ha desbordado los equipamientos oficiales sea fruto de factores ocasionales, como apunta el Ayuntamiento. En todo caso, las organizaciones que atienden a los colectivos más vulnerables han repetido hasta la saciedad que, pese a la recuperación económica en marcha, amplios grupos de personas sin recursos siguen en la estacada en una situación tan precaria, o incluso peor, que la que sufrían en plena crisis. Las instituciones están obligadas a realizar el máximo esfuerzo para asegurar unas condiciones de vida mínimamente dignas a todos los ciudadanos. ¡Qué menos que comida y una cama! El Bilbao del Guggenheim y de la modernidad, la próspera capital que atrae grandes marcas y eventos y a cientos de miles de turistas, debe ser capaz de superar esa prueba.

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