pleno al quince

Es un acierto el veto al vidrio en la bajada de Celedón la tarde del 4 y su encierro en la torre de San Miguel la madrugada del 10

ÁNGEL RESA

Es hora de adaptar eslóganes del pasado a la era moderna. ¿Qué tal ‘Fiestas sí, seguridad también’? Más que un acierto rotundo, el veto al vidrio en la bajada de Celedón la tarde del 4 y su encierro en la torre de San Miguel la madrugada del 10 me parece un pleno al quince quinielístico. Los sanfermines que hoy mismo empiezan suponen el jolgorio callejero y popular de La Blanca elevado al cubo por la fama pamplonesa que atrae como un imán a visitantes del mundo entero. Pues bien, allí ya hace años que dan la espalda al cristal en el chupinazo al punto del mediodía. Y nadie se ha rasgado las vestiduras, bueno sí pero no por cabreo. Más bien se las han puesto perdidas de líquidos que propulsan envases de plástico.

La escenografía con que Vitoria inaugura sus fiestas apenas resiste comparaciones. Y perdonen el deje chulesco, pero se trata de un espectáculo intransferible, pese a que quizá genere envidias en otros lugares también estupendos donde admiran el vuelo funambulista de un muñeco con paraguas a modo de paracaídas y su posterior encarnación en un mozo difícil de saltar. Un tiarrón este Gorka, para qué nos vamos a engañar. Y es una pena que antes de las seis y media suenen móviles con llamadas indeseables advirtiendo que las nunca suficientemente ponderadas asistencias médicas están atendiendo de cortes que dejan cicatrices a la hija o el sobrino de turno.

El puro que colocaba una txapela londinense a la Virgen Blanca retrocede ante el empuje contemporáneo de esos espumosos capaces de encender una moto y destrozar esófagos al mismo tiempo. Puestos a ceder tradiciones, que al menos el líquido salga de cuellos plásticos y evitar así que queden heridos en el campo lúdico de la Batalla de Vitoria. Aunque harán falta los brazos extensibles del inspector Gadget y la vista de un lince ibérico para evitar el ingreso de cristales en una plaza mucho más amplia que la angosta donde hoy la Vieja Iruña ya la está liando parda.

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