Un plan para Cataluña

Rajoy se muestra «tranquilo» ante el pretendido referéndum del 1-O, pero debería empezar a gestionar ya el día después

EL CORREO

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que acudió ayer a Lérida a inaugurar un parador de turismo, subrayó que el Gobierno está «tranquilo» ante el desafío independentista porque el referéndum previsto para el 1 de octubre no se celebrará. Y puso el ejemplo del parador para ensalzar la colaboración entre administraciones, la empatía y el sentido común: la nueva instalación hostelera «es una imagen elocuente de lo mucho y muy bueno que podemos hacer juntos».

Ya en tono informal, comentó que no valdría de nada mantener ahora una conversación con Puigdemont porque el único tema del que quieren hablar los independentistas es el referéndum, asunto sobre el que él no tiene nada más que decir.

Es evidente que la estrategia del Ejecutivo pasa por impedir materialmente la consulta, aplicando más rigor que el que se desplegó el 9-N, para lo cual movilizará al Tribunal Constitucional, dotado de nuevos poderes ejecutivos que bastarán seguramente para resolver la situación; aleccionando a los funcionarios, uniformados o no, sobre su obligación inexorable de cumplir las leyes; instando a los alcaldes a que no vulneren la ley de protección de datos con respecto al censo, y evitando incluso la compra de urnas y la apertura de los colegios públicos.

Pero es evidente que habrá que gestionar el día después, que debería ser el primero de un largo proceso de reencuentro. Porque Cataluña no puede vivir en eterna tensión, agravada además por las investigaciones sobre la corrupción que aún están vivas. La irrupción de la Guardia Civil en funciones de policía judicial ayer en la Generalitat y el Parlament no ayuda, evidentemente, a distender el ambiente político ni a relajar las expectativas de los ciudadanos.

Los partidos, especialmente el PSOE, han reclamado al Gobierno que publique su plan sobre el 1-O, y probablemente se refieren más a los días posteriores que a la etapa previa, en la que realmente poco hay que hablar con quienes están decididos obstinadamente a cometer una ilegalidad y afirman que no hay modo humano de frenarles. El plan es necesario porque conviene que conste el deseo colectivo de recomenzar un intenso y profundo diálogo; de este modo, la sociedad catalana no sentiría la ingrata sensación de estar estrellándose contra un muro sin que nadie sepa a ciencia cierta qué hay al otro lado.

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