No pinta bien la codorniz

Juan Antonio Sarasketa
JUAN ANTONIO SARASKETA

El próximo día 15 Castilla y León y otras comunidades desvedarán la codorniz y muchos serán los cazadores que verán amanecer en el rastrojo con el perro en los pies. Solamente del País Vasco 15.000 se desplazarán a Castilla y León y lo harán contentos, pero conscientes de que muchos contarán las colgadas con los dedos de una mano. Y es que las cosas no pintan bien salvo en las zonas altas, frescas y de recolección tardía. Aun así, es posible que el número de capturas en toda España ronde los 1,2 millones de ejemplares, más o menos como en las últimas temporadas.

Me comenta Santiago Iturmendi, presidente de la federación castellanoleonesa, que, según los datos obtenidos de los anillamientos que llevan realizando desde hace 25 años para conocer sus movimientos migratorios, el 86% de los ejemplares cazados son codornices nacidas en el mismo año en la Península. Además, teniendo en cuenta que la productividad de la población de esta especie es muy alta a pesar de que tenga una esperanza de vida de 10 meses, este animal curiosamente tolera bien el aprovechamiento cinegético. Cada año llega desde la zona del Sahel medio millón de parejas que crían en torno a los dos millones de ejemplares en un buen año. Unas 80.000 parejas regresarán al Sahel, donde volverán a criar para completar su ciclo vital, pese a verse sometidas por esos lares a una caza furtiva con redes y reclamos de batería. Verdaderas matanzas, intolerables a todas luces y propias de ‘matarifes’ sin escrúpulos.

Algo así como maese raposo, que puede llegar a terminar en su zona de influencia con el 70% de los nidos de perdiz, aunque también es cierto que mantendrá a raya a ratones, topillos, lagartos y un sinfín de roedores. Así y todo, lo pasó mal cuando su pellejo se llegó a pagar hasta a 5.000 pesetas de las de hace 35 años. Muchas cuadrillas de cazadores se especializaron en perseguirle con perro y raro era el animal que alardease como ahora de ese genio picaresco, esa dejadez o indiferencia, esos modales seductores que se observan en los grandes personajes. Cayeron muchos y sus efectivos se situaron más o menos en la proporción justa. Pero las señoras pasaron de engalanarse con el traje de este pillo simpático y el raposo volvió a incrementar su prole para desgracia de muchos animales.

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