No es nada personal...

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La pasada semana le hablaba del proceso biológico -nacimiento, desarrollo y muerte-, que aqueja a las personas jurídicas, casi de la misma manera y con la misma crueldad que lo hace con las físicas. Llevamos varias semanas lamentándonos por el empleo que, previsiblemente, vamos a perder en una serie de empresas que atraviesan graves dificultades empresariales. Hoy respiramos con el anuncio de que Mercedes Benz va a crear en un año nada menos que 1.350 empleos. Además serán contratados de manera indefinida y podrán aspirar, seguro, a unos salarios superiores a los del convenio del sector que les afecta.

Esa es el camino correcto. Cuando se producen anuncios de cierre, todas las fuerzas implicadas tratan de evitar lo inevitable y exigen la intervención de la administración para transformar en funcionarios públicos a todos aquellos a los que la competitividad no es capaz de sostener en el ámbito de lo privado. No resulta nada difícil de entender que los afectados prefieran refugiarse bajo el manto protector de lo público, antes que enfrentarse a las inclemencias que se padecen en el ámbito de lo privado. Pero es mucho mejor que los gobiernos dediquen los esfuerzos y los dineros a crear nuevos empleos con futuro antes que a sostener artificialmente viejos empleos del pasado.

Luego viene, claro está, la conclusión evidente. Se trata de Mercedes Benz, una multinacional que opera entre nosotros desde hace años, creando una cantidad enorme de riqueza, que irradia a todo su entorno, y miles de empleos. Acabamos de comprobar las implicaciones fiscales que tendrían sus legítimas decisiones estratégicas. Como ve, razones poderosas y suficientes para castigarla por su osadía. ¿Le parece esto una estupidez? Pues es lo que habitualmente hacemos y me temo que es lo que vamos a hacer con la reforma fiscal que tenemos en curso.

Mercedes Benz nos ha salvado el cuello. Pero eso se nos olvida en unos días. A partir de entonces hablaremos de las malvadas multinacionales que nos chupan la sangre y nos coloniz an, y legislaremos, inconscientemente pero con gran ánimo, en su contra. ¿Es lógico? No, pero es la costumbre. Parafraseando a un señor de Nueva York, con puro y sombrero podríamos afirmar: «No es nada personal, es solo política».

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