De mal en peor

La bronca sobre el presunto aviso de la CIA es el peor epílogo al 17-A y sólo contribuye a arrojar más gasolina al incendio catalán

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El brutal atentado yihadista de Barcelona, que se ha cobrado ya 16 vidas y decenas de heridos, vivía el pasado sábado un epílogo absolutamente decepcionante: la manipulación por parte del independentismo catalán de la manifestación unitaria contra el terrorismo que recorrió las calles de la capital catalana, y a la que acudieron las máximas autoridades del Estado, la autonomía y la ciudad .

Pues bien, cuando todavía no se han apagado los ecos de la polémica por lo sucedido en la marcha, ayer estalló una nueva tormenta. ¿El desencadenante? La noticia de que los Mossos d’Esquadra recibieron un aviso de la CIA norteamericana en mayo alertando de un posible atentado yihadista en verano en Barcelona, en concreto en Las Ramblas.

‘El Periódico de Catalunya’ dio a conocer ayer los detalles de una información que ya adelantó el día 17 y que entonces desmintió la Policía autonómica: tal aviso existió, se ratificó el rotativo, y llegó a los Mossos el 25 de mayo. El president Puigdemont, dos consellers y el ‘major’ de la Policía catalana negaron la información, aunque solo parcialmente.

Visiblemente contrariados y nerviosos cargaron con dureza contra el medio que cumplió con su obligación de informar de unos hechos contrastados, también por los servicios antiterroristas españoles. Y no dudaron en atribuirle la intención nada menos que de desprestigiar al cuerpo policial de su propia comunidad autonóma.

La Generalitat admitió que los Mossos sí recibieron un aviso. Pero no de los servicios de inteligencia norteamericanos, con los que aseguran que sólo tiene contacto el Estado, sino de un ‘alguien’ que se negaron a precisar. Tras examinarlo no se le concedió credibilidad. Lo mismo que, aseguraron, el sucedió a la policía española.

A estas alturas del negocio sobra recordar que el terrorismo alcanza el máximo de sus objetivos cuando además de causar daños con sus acciones, logra crear contradicciones en el Estado de derecho, sus instituciones o las fuerzas políticas democráticas.

El Govern y los Mossos, después de dos semanas de una brillante gestión informativa del operativo desarrollado por los agentes catalanes tras el atentado de la Rambla, cometieron ayer varios errores. Al menos cuatro.

El primero admitir que los Mossos sí recibieron un aviso en mayo, pero no precisar de quién. El segundo, no concretar si la advertencia procedía o no de la CIA, aunque a ellos les hubiera llegado por un tercer canal. Tercero, aclarar y en su caso disculparse por negar el 17 de agosto la existencia de la comunicación y admitirla ahora. Y, por último, cargar contra quien se ha limitado a contar una información contrastada.

Socialistas, populares y Ciudadanos exigieron ayer mismo la comparecencia urgente del conseller catalán de Interior, Joaquim Forn, para que esclarezca todas estas dudas. Es probable que también se reclame información al ministro del ramo. Quien se confirme que ha mentido, y alguien lo ha hecho, debiera presentar de inmediato su dimisión.

Este episodio no hace sino arrojar un poco más de gasolina al incendio catalán. Con la temperatura política que ha alcanzado el ‘procés’, lanzar la especie de que la información sobre el aviso de la CIA es una falsedad que solo persigue desprestigiar el buen trabajo desarrollado estos difíciles días por los Mossos es un completo desatino. Un despropósito que a buen seguro hallará eco en el mundo independentista.

Sé que constituye una ingenuidad reclamar a estas alturas a nuestros políticos, incluidos los catalanes, que eviten mezclar la lucha contra el terrorismo con la batalla partidaria. Pero la democracia y la ciudadanía así lo exigen.

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