El pañuelo del adiós

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Nadie está solo ante el peligro porque el peligro acompaña mucho y el separatismo se ha echado a la calle para darle impulso a la consulta ilegal, o sea, para legalizarla. Las movilizaciones callejeras, cuando arrancan, son calificadas de simples revueltas, pero si se menosprecian pasan de ser algaradas a llamarse revoluciones, más o menos frustradas, pero en trance de crecimiento. Lo primero que debieran tener los que quieren irse es una idea clara del sitio al que quieren llegar.

Los separatistas muestran un gran empeño por utilizar la calle para darle más impulso del que tiene a la llamada ‘consulta ilegal’ y para eso les basta con cambiar las leyes. El ‘Onze de Setembre’, que a los que hablamos y escribimos en el idioma de Cervantes nos parece una consigna llena de faltas de ortografía, ha llegado con la amenaza de los tribunales a todos los responsables del desguace.

El president, Carles Puigdemont, alienta a «desobedecer cívicamente» al Estado mientras su portavoz, Jordi Turull, establece dos categorías de catalanes: los que ayudan a votar y los que ayudan a impedir que se vote. Para romper España no son precisas tantas ayudas. Ella sabe hacerlo sola, mientras el Gobierno redobla sus esfuerzos para frenar lo que denomina «la logística del referéndum», que, según Rajoy, no es urgente, ya que el referéndum no se va a celebrar nunca. Total: que no sabemos qué va a ser de nosotros ni de ellos.

Es cierto que estamos ante el problema más grave al que se enfrenta nuestro país desde el ‘tijeretazo’. No tiene una solución fácil. Los que tienen unas fáciles soluciones no son verdaderos problemas. ¿Fue un error aparcar el artículo 155? Uno de los efectos de la ruptura ha sido denunciado por Zinedine Zidane: «No veo una Liga española sin el Barcelona». Nosotros tampoco, porque no es suficiente mirar hacia otro lado.

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