La panoplia

La panoplia
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Las comparaciones sólo son odiosas para una de las partes comparadas, pero de momento no hay otras. A pesar de las advertencias, el Parlament se reunirá dentro de tres días para investir al expresident de la Generalitat. El que la sigue, la mata, pero Carles Puigdemont quiere morir matando. La verdad, que según los clásicos vive en el pozo, asoma parcialmente la cabeza empapada en mentiras y la buena gente, que seguimos creyendo que es mayor que la que va apestando la tierra, sigue creyendo que el mundo es mejorable, pero que su mejoría no depende de los médicos si no de los enfermos de su honra. Para luego es tarde, o sea nunca, y el Consejo de Estado considera urgente oponerse al recurso contra el recalcitrante Puigdemont, afanado en gobernar a distancia. Cataluña es, al mismo tiempo, el problema y la solución para frenar la investidura. Todo depende del prófugo más célebre de los últimos tiempos, que precisamente son estos.

En los últimos cuatro años se han creado en España más de dos millones de empleos, pero hay un gran número de personas que ya no los busca porque está cansada de no encontrarlos. Trabajar cansa, que dijo Pavese, pero es más agotador seguir trabajando y no encontrar nada. El pleno del Parlament tiene más paciencia que cada uno de sus componentes, mientras el Consejo de Estado no es partidario de impugnar el recurso contra el invicto prófugo. Mucho está durando el rigor de esta agonía, de andar de este cuchillo a aquella espada, porque las hay que ni pinchan ni cortan. El Consejo de Estado, en ejercicio de sus funciones, no sabe cómo ejercerlas. Paciencia y barajar con las cartas marcadas, a ver si alguna nos trae suerte.

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