Oxfam, más que un escándalo

La ONG ocultó la explotación sexual de mujeres y niñas en Haití con fondos de la organización

Oxfam, más que un escándalo
EL CORREO

La revelación de que responsables y cooperantes de Oxfam que actuaban en Haití explotaron sexualmente a mujeres y niñas a cuenta de los fondos de la ONG y en sus propias instalaciones en Puerto Príncipe tras el terremoto de 2010 es mucho más que un escándalo: es un hecho de extrema injusticia. Resulta especialmente repugnante que sus protagonistas se hicieron valer de su ascendencia para aprovecharse de personas que, en una situación de pobreza al límite, se vuelven más vulnerables. Además, con ello defraudaron gravemente tanto a la sociedad de recepción de su ayuda -la haitiana- como a las gentes e instituciones que aportan su colaboración solidaria o los fondos necesarios para el desarrollo de las misiones. La dimisión de la directora adjunta de Oxfam, Penny Lawrence, que en 2010 era directora de programas, no parece suficiente para depurar las responsabilidades contraídas por la ONG. Especialmente cuando el principal señalado, Roland van Hauwermeiren, y su equipo ya habían sido denunciados internamente por análoga conducta en Chad. Dos de los países más empobrecidos del mundo fueron el escenario de su depravación. También por eso no ha lugar a calificar tal comportamiento de «contratación de prostitutas», como si las mujeres, y sobre todo las niñas, de las que abusaron actuaran libremente en una prestación remunerada de servicios. Es evidente que Oxfam ocultó los claros indicios de una actuación éticamente reprobable para una ONG solidaria, que suponía además un delito continuado según la legalidad haitiana y de los países que proveen de fondos a la organización, empezando por Reino Unido. Es evidente que Oxfam trató de lavar la reputación de los señalados por el escándalo asegurándose de que los eventuales imputados se sustrajeran de la acción de la Justicia en aquel país. Ello advierte de la impunidad en que puede moverse la cooperación internacional cuando las dudas sobre las garantías que el régimen o el Gobierno local conceden protección a la ignominia. Los casos de Oxfam en Haití y Chad no son los primeros ni los únicos. Se han sucedido también las denuncias contra destacamentos militares en misiones de paz, lo que obliga a establecer protocolos en defensa de los derechos humanos, y específicamente de los derechos de niñas, niños y mujeres, cuando la cooperación se dirija a estados fallidos.

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