Otxandio, 22 de julio de 1936

JOSÉ MARÍA RUIZ SOROA

Tan sólo dos días después de abortado el conato de sublevación militar en Bilbao en 1936 se produjo un hecho que lleva camino de convertirse, para la que pudiéramos denominar «historia vasca del mundo», en el primer ensayo de un bombardeo masivo y de terror ejecutado sobre una población civil durante la guerra civil española (así lo califica el profesor de estudios del genocidio Xabier Irujo en ‘Gernika. The Market Day Massacre’, Universidad de Nevada, 2015). Les transcribo a continuación el relato del hecho que presenta este mismo profesor en ‘Gernika’, (Editorial Planeta, 2017), para situarnos y saber exactamente de qué estamos hablando:

«El día 22 de julio de 1936 dos Breguet Br. 19 con insignias republicanas procedentes del aeródromo de Recajo (Logroño) aparecieron sobre Otxandio, donde se estaban celebrando las fiestas patronales. Tal como registraron varios testigos oculares, volando por debajo de los 70 metros los pilotos atrajeron mediante gestos a un nutrido número de niños que, como había ocurrido en días anteriores, esperaban una lluvia de cuartillas gritando ‘papelak die!’ (¡octavillas!). Tras practicar varias vueltas a unos 70 metros de altura, bombardearon y ametrallaron el centro urbano, durante unos 25 minutos, ejecutando repetidas pasadas y lanzando todas las bombas que portaban. El periódico ‘Euzkadi’ publicó la cifra de 39 muertos. A día de hoy hay registrados 61 muertos, las tres cuartas partes civiles, de los que 24 eran menores de edad» (fin de la cita).

Este escueto, pero a la vez bien construido relato de los hechos provoca de inmediato en el lector una repulsión e indignación moral intensa: unos pilotos que camuflan sus aviones franquistas con las insignias republicanas, que sobrevuelan una pacífica villa vizcaína entregada a sus fiestas patronales, que atraen con gestos y cabriolas a los niños inocentes y que, una vez conseguido, los bombardean y ametrallan junto al resto de la población civil hasta causar una masacre.

El nombre de los pilotos se conoce, eran militares españoles. Y es que estamos dos días después de la sublevación, todavía no hay en España Legión Cóndor ni Aviazone Legionaria. Esos sádicos que martirizan a un pueblo pacífico, festivo e inocente son españoles. Es la figuración perfecta de la historia vasca del mundo, la opresión y exterminio de un pueblo por un Estado opresor.

Pero, siempre hay algún pero, en el relato se cuelan algunas notas que suenan desafinadas: ¿qué es eso de que en días anteriores se habían arrojado octavillas? ¿Y qué de ese 25% de muertos que no eran «civiles»? ¿Es que había militares en Otxandio? ¿Por qué y para qué? ¿Cómo no se explica nada de ello?

Bueno, la verdad es que basta acudir a los periódicos bilbaínos de aquellos días para saber más datos en torno a estos hechos, pues nunca se habían ocultado hasta ahora. Y son los siguientes. Abortado el alzamiento en Bilbao y detenidos los pocos militares implicados, el día 21 de julio se formó una potente columna de fuerzas mandada por el Teniente Coronel Vidal Munárriz que desfiló por la Gran Vía y que partió en camiones y autobuses a la conquista de Vitoria. La formaban casi un millar de soldados (dos Compañías del Batallón de Garellano), guardias civiles y guardias de asalto, miñones y algunos milicianos anarquistas y socialistas. La columna se dirigió a Vitoria pero a la altura de Villareal fue localizada por un avión Breguet de los sublevados que la hostilizó y les arrojó octavillas. Desmoralizada por el encuentro, retrocedió hasta Otxandio y se instaló con sus camiones entre las casas del pueblo. Allí es donde fue localizada y bombardeada al día siguiente por los otros dos Breguet 19 que salieron de Recajo en su busca. La columna no se movió ya de Otxandio, en cuyos alrededores se fijó el frente a partir de ese momento.

Aclaremos que si los aviones llevaban insignias republicanas era por la simple razón de que, aunque se crea por muchos otra cosa, la sublevación militar no se hizo bajo la bandera bicolor monárquica, sino con la tricolor republicana. No fue hasta finales de agosto de 1936 que empezó a imponerse la bicolor en el campo sublevado. Lógico que el 22 de julio llevasen los de Recajo las mismas insignias que llevaban días antes.

Advertencia: este artículo no pretende justificar ni excusar el bombardeo en cuestión. El lector es mayorcito y será capaz, seguro, de hacerse su propio juicio. No es una versión «revisionista», «negacionista» o «neofranquista» de los hechos para ver de darles otra interpretación. Es sólo un relato de lo ocurrido que intenta ser completo y dar al lector toda la información existente sobre un hecho, que es lo mínimo que se espera de la historia y lo mínimo que permite formar una opinión válida. Lo otro no es historia, son «historias».

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