Otegi y la mesa imposible

Algunos deben dejar muy claro al líder de EH Bildu que no se puede pactarla excarcelación de los presos de ETA en un foro de partidos

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La izquierda abertzale sigue encerrada en su propio laberinto. Hace tiempo que se esfuerza por hacer política como un actor más, pero sus propósitos se topan con una losa: el problema de los presos de ETA.

Sortu es plenamente consciente de ello, pero no sabe-no quiere poner tierra de por medio. Se ha puesto otra vez de relieve a raíz de la muerte en la cárcel del etarra Kepa del Hoyo, víctima de un infarto mientras practicaba deporte.

Nuevos y viejos dirigentes de la izquierda abertzale, junto a antiguos etarras con largos historiales de sangre ya en libertad tras cumplir sus penas, han vuelto a comparecer juntos para tributar un adiós de ciudadano ejemplar a Hoyo. Adiós en el que no han faltado los reproches al Estado cual si fuera el culpable de la muerte.

EH Bildu exige hace tiempo el final de la dispersión, una reclamación razonable en la que cuenta con el respaldo de la mayoría de los vascos. También la excarcelación de los presos enfermos sin esperar a que estén en el tramo final de sus vidas. Pero su verdadera aspiración sigue siendo la salida de las cárceles de todos los etarras y la vuelta de los exiliados.

Arnaldo Otegi lo reconoció ayer sin ambages en Radio Euskadi. El líder de la izquierda abertzale planteó al resto de partidos la creación inmediata de una mesa, pública o secreta, para «elaborar un calendario y una hoja de ruta para que todos los presos estén en la calle y para que todos los deportados y refugiados vuelvan a casa».

Otegi se mostró convencido de que todas las fuerzas políticas se sentarían en esa mesa, con la excepción del PP. Son, por tanto, ellos, PNV, Podemos, los socialistas, e incluso el PP o C´s los primeros emplazados a concretar a los vascos su disposición al respecto.

Dos años después de la muerte del dictador Franco, en octubre de 1977, en este país se aprobó una Ley de Amnistía que vació las cárceles. Pero ETA siguió asesinando.

Once años más tarde todos los partidos vascos, menos la izquierda abertzale, claro, firmaron el llamado Pacto de Ajuria Enea. Y todos ellos prometieron que la democracia sabría ser generosa con los terroristas si abandonaban las armas ya. Sin éxito. ETA continuó asesinando y la izquierda abertzale, jaleando a los asesinos y amedrentando a los discrepantes.

Pronto se cumplirán seis años desde que la banda terrorista anunció el final de la violencia. Lo hizo la seriamente debilitada por la democracia y fuertemente presionada por la izquierda abertzale, temerosa de que le arrastrara en su caída y quedara fuera del juego político por muchos muchos años.

En este tiempo no ha habido un arrepentimiento sincero. Se han jactado de que jamás ayudarán a esclarecer los alrededor de 300 crímenes irresueltos. Y han insistido en tratar cual héroes a cuantos asesinos eran excarceladostras cumplir sus penas de prisión, con absoluto desprecio al dolor de las víctimas.

Con este cuadro de situación, ¿de verdad cree Arnaldo Otegi que el resto de los partidos pueden pactar, ya sea en público o en privado, un calendario para excarcelar a todos los presos de ETA al margen de las penas que cumplan y de la ley, de espaldas a la sociedad, en especial a las víctimas? ¿Es una petición decente?

Sería bastante más de agradecer que el líder abertzale pidiera a los cachorros de Sortu que añoran pasados tiempos de kale borroka que no corran a extender a Euskadi la desgraciada campaña contra el turismo emprendida por Arran, las juventudes de la CUP catalana.

Estamos ante un asunto nada menor y preocupante. Recuperar nuestra imagen en el exterior está costando años. Volver a hundirla puede ser cuestión de horas.

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